Desvelando la inocencia

 

 

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¿De cuántas formas hemos herido a nuestros corazones?

En el nombre de Dios, de dogmas y creencias religiosas, del amor, de la familia, de un ídolo, de la libertad, de la vida, de la patria…  de cuántas formas se ha alzado el puño y se ha tomado el testigo de la inocencia  disfrazándola con trajes y experiencias de dolor, de tragedias, de abusos, de víctimas y verdugos, de penitencias, de honores y reconocimientos, de salvaciones, de culpas, de castigos, de “hacer justicia”, de palos por las espaldas, de odio y violencia…

Y mi corazón me dice ahora que nunca hubo nada que salvar, ni que arreglar o sostener, nada que compensar, nada por lo que hacer justicia, y menos en nombre de nada ni de nadie; nada que hacer. Es la mirada del soberbio, del que aplasta porque sí, del que mira por encima y ni tan siquiera agradece la vida: tiene el corazón congelado.

Se ha vestido a la inocencia de codicia y orgullo, y se ha pasado de largo sin mirarla, sin escucharla. Jamás pidió que se la vistiera de otra cosa que no ES, y Es pura Vida, igual que tú, igual que el otro, igual que todo lo demás.

Mientras se disfraza a la inocencia el mismo juego se repite, el juego de las diferencias, de lo que es mejor, peor… y la inocencia no hace distinciones, no hace ajustes de cuentas, ni compensaciones… no rechaza, acepta e incluye porque ve la unidad. La inocencia recibe.

Sólo cuando se mira y se reconoce que somos iguales, los trajes se caen y el velo se aparta. El juego se ha terminado, algo nuevo florece.

Beatriz

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La ilusión del deseo

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¿Cuál es el valor de las cosas? ¿qué me hace dar valor, valorar a una persona, valorarme a mí, lo que me rodea…?

A veces, de momento, me he quedado quieta, mirando alrededor. Una silla, una mesa, una jarra de agua, un mueble, discos, una planta en el rincón… unas fotos… y, de momento, todas esas cosas me han hablado de una manera distinta. ¿Cuál es el valor de todo esto? Y en ese impase las cosas han dejado de ser cosas, de tener un “valor”: se han esfumado los matices de valor económico, valor personal o valor de pertenencia. En mi visión se ha cruzado otra, fugaz… y me ha gustado.

Y esto es lo que me ha dado pie a reflexionar y sentir sobre el tener y el sentido de pertenencia.

En la vida diaria nos movemos en un sin fin de circunstancias donde es cotidiano decir, esto es mío, tengo esto, me voy a comprar esto, aquello me pertenece, ¿me puedes prestar tu…?. Mi marido, mi esposa, mis hijos, mis amigos, mi casa, mi perro, mi profesión, mis cualidades…

Mío, tuyo…Posesión… nos movemos en torno a conceptos de adquisición y  posesión, e incluso si hay pérdidas, pues aparece un sentimiento de escasez, de falta, de vacío, de carecer de lo que me pertenecía; lo que “era mío” ya no está, se ha ido, ha desaparecido…, pareciendo incluso que eso, que ya no está dentro de mi campo, de mi control, de mi visión, “ha perdido su valor”. “Ya no lo tengo… ya no está a mi lado…” diría.

¿Qué es lo que da valor a las cosas, personas…? ¿Acaso este valor depende de una medida, opinión, gusto…externo?  Se pone… se quita… se modifica… según distintas variables externas.

¿Quién posee a quién? Que tus posesiones no te posean me ha surgido decir…

Poseer… Compartir… En mi mirada personal han aparecido estos conceptos y lo que siento es que la posesión no permite el compartir. Compartir es una acción que proviene del estado de riqueza: Nada falta, todo está ahí para ser disfrutado… nadie quita a nadie, todo está para todos, no hay nada que retener porque nada es mío o tuyo; sólo pasa a través de mí o de ti, durante un determinado tiempo, dure lo que dure…porque cada cosa, persona…tiene su propio valor, inherente y prístino. Nada ni nadie se lo da o se lo quita. Lo tiene por el simple hecho de existir, estar y Ser. Sin embargo no es habitual darnos cuenta de ello, y se tiende tanto a la posesión de bienes, cosas, personas, entornos…y se ha llegado a un nivel tal de parcelación e individualismo en todos los sentidos, que el sentido natural de unidad se pierde.

La posesión anula la posibilidad de disfrutar. Si le quitas el añadido de pertenencia, eso que tienes, que está contigo, adquiere presencia; sigue siendo lo mismo, pero tu mirada, distinta, permitirá que puedas disfrutarlo. El miedo a la perdida te lleva a negar el verdadero valor de las cosas, a disfrutar plenamente de eso que surge, de eso que tienes, de eso que está a tu lado…porque, quizás, el valor de las cosas no está en el que tú le das, en el que tú le pones, sino en apreciar lo que te ofrece mientras está a tu lado. No se trata de que uno añada nada, o de que quites algo, sino de disfrutar de lo que se te presenta y se te brinda, de forma natural. Y así, es como veo posible que surja un encuentro. No hay ficciones ni exigencias, sólo curiosidad e ilusión por conocer, asombro y alegría. Puedes optar por experimentarlo o no… y en cualquier caso será tu decisión… nada más.

Y ésta es mi mirada hacia el valor de las cosas y cuanto nos rodea… hacia el valor y la estima que se tiene uno mismo… hacia el compartir…

Beatriz

El Amor no tiene ningún nombre

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Muchas veces, observando, escuchando entre diferentes ambientes… mi corazón me ha susurrado:

¿Por qué y para qué dais nombre a lo que no lo tiene? El alma no se nombra… se siente. Se busca encasillar y hacer una disciplina, da igual su nombre y sus formas, de algo tan profundo y sentido como es la voz del corazón.

Sentir lo que me dice mi corazón o tu corazón, no permite traficar con las notas musicales que entonan la propia melodía. Otras manos y voces podrán tocarte, decirte, acariciarte, dirigirte, acercarse, aconsejarte, notar tu brisa, oírte, incluso escucharte o no… pero nunca podrán ocupar tu lugar, el  espacio sincero de tu corazón y su particular forma o formas de expresión.

Mi curiosidad me ha llevado a escuchar distintas voces de “maestros”, a veces tan dispares unas de otras, que visto desde fuera el espectáculo, me he dado cuenta de que, quizás, sólo quizás, eran sus propias voces las que se hablaban y, tal vez, tal vez esas voces sólo querían ser escuchadas por ellos mismos.

En este mundo donde han aflorado mil y una técnicas que se engloban dentro de la “espiritualidad”, veo una contradicción. En demasiadas ocasiones se intenta guiar, aconsejar, dibujar, concretar, delimitar, “sacar fuera de uno mismo”… lo que no se puede concretar, lo que no tiene nombre ni nunca lo tuvo; bajo mi punto de vista, de esta manera se continúa clasificando y enjaulando nuestra parte divina, parcelando, dividiendo, separando y haciendo diferente algo que no lo es; nuestra parte más profunda y amada es tratada como una parte aislada cuando, me pregunto y te pregunto ¿acaso el corazón está aparte de todo tu cuerpo y tu ser? El cuerpo es un lote, acompasado, de “material físico y no físico”, que sólo intenta expresarse con coherencia…

Desde mi propia experiencia me doy cuenta y comprendo que el Amor que hay en mi corazón no es tratable ni cuestionable desde ninguna disciplina, desde ningún aspecto; siempre está… en cualquier momento, a cualquier hora, segundo… en todas las vivencias y experiencias que vivo… todas, sin excepción alguna.

¿Qué es el amor sino uno mismo? Tú entero… tú cuando te levantas, te peinas, corres, estás quieto, cuando besas, cuando trabajas, cuando estás de bajón, triste, aburrido, cuando pataleas, cuando ríes o lloras, cuando bailas, cuando cocinas, cuando gritas, cuando estás reunido, cuando te enfadas, cuando no haces nada…

Yo y tú, tú y yo… somos la propia fuente, el propio río de la vida, el remanso de paz y equilibrio…La voz que guía está en mí, dentro de ti… no está fuera.

Desde hace tiempo escucho una voz que ronronea:

“No le des poder a nada ni a nadie, excepto a ti mismo, a tu corazón”

Lo que de verdad importa, lo que de verdad me importa a mi o a ti, sólo puedes saberlo tú, sólo puedes sentirlo tú y nadie más. En el respeto a la expresión natural de cada ser está la Vida.

A veces veo que éste es un tiempo de engaños y mentiras, de grandes ficciones en todos los aspectos de la vida (educación, política, ocio, moda…), y quizás lo que se está mostrando de forma descarada son distintas escenas que nos plantean lo mismo: ¿eres fiel a ti mismo, eres sincero contigo mismo? ¿a quién sigues?

Personalmente considero que, la misma dinámica de ficciones y dependencias también se ha hecho extensible a lo que se denomina el desarrollo personal, proliferando lo que, a mi modo de ver y sentir, se ha convertido en una “espiritualidad” mal entendida. No hay que conseguir nada ni llegar a ningún lado… Los marcos, las exigencias, sean del tipo que sean, no caben dentro del corazón, del amor que somos ya. Traficar con nuestra parte divina es un acto de manipulación y egoísmo, otra manera diferente de alejarnos de nosotros mismos.

A mí me gusta hablar de Vida, de vivir distintas experiencias que nos van aportando perspectivas diferentes, distintos modos de ver y una apertura hacia nuestro propio encuentro… y eso no se busca, ni tiene nombre, ni hay que pagar por ello;  es un movimiento natural que surge y va surgiendo… con el día a día, con todos los momentos y experiencias diarios, los que nos acontecen con los vecinos, tu familia, en el trabajo, en el supermercado, en la cola del cine, comprándote unos vaqueros… porque desde que te levantas hasta que te acuestas ocurren cosas de las que soy partícipe y en las que puedo decidir. Extraordinaria es la actitud de tomar la propia vida diaria como el camino y el espacio natural del propio desarrollo y evolución personal…

Maestros… maestros de esto o aquello… Cuando uno es capaz de escucharse maestro sólo hay uno y ése eres tú mismo, en cualquier momento y circunstancia de la normalidad, de tu día a día; incluso llegará ese momento determinado en el que sentirás que el nombre de maestro sobra, porque te darás cuenta de que eso que parecía tan inalcanzable, tan misterioso…es lo natural en ti, eres tú mismo: “El hogar, el amor, la magia, la Vida… lo lleva uno puesto siempre, y gratis”.

Podrás pedir consejo… y buen consejero será aquel que te respete, que no haga sentirte un extraño, y que te haga saber que eres ya una bella y valiosa joya… porque sabe Escuchar.

No hay técnicas que seguir para brillar…Brillas a medida que experimentas y vives la vida a través de tus propios ojos y tu corazón, los tuyos… y los de nadie más. ¡No te sientas un extraño… en tu propia “casa”!

Beatriz

 

Unos nuevos zapatos

 

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Luna es una niña de cinco años, presumida, coqueta. De ojos grandes y rebelde. Y es una niña que viene de París, pero esto no es un cuento sino que, en realidad, su acento es francés.

Hemos coincidido unos días en una pequeña aldea y una tarde que yo paseaba con mi cámara de fotos me encontré con Luna que me la pidió.  Al enseñarme después su reportaje fotográfico me llamaron la atención sus fotos claras y enfocadas, y allí estaban las gallinas de Mariano en primer plano, el revuelto de unos trozos de sandía y melón en el fondo de un cubo, y el mismo cubo vacío, una vez que ya se habían atiborrado las gallinas. También le había hecho fotos a su mamá, que tenía a su hermano Óscar en brazos, un bebé de pocos meses. Y pasando pasando…  vi la imagen de sus zapatos, unos lindos zapatitos rojos que me sacaron una sonrisa porque yo, como Luna, me miro de vez en cuando los zapatos y los fotografío. Y me fijé entonces en los míos, y pensé que ya era hora de cambiar de zapatos.

Los que he llevado por un tiempo me han servido para ver, para entender, para comprender, para aprender… y para decidir que ahora quiero llevar otros, tan lindos como los de Luna, que me trasportó en esa tarde al juego de  la naturalidad y la espontaneidad, un juego que se olvida fácilmente y cuando uno se da cuenta ni sabe que la tiene o dónde se perdió.

Aunque uno sea adulto, cultivar la naturalidad es todo un regalo que se hace uno mismo.

La otra tarde, que estaba de tormenta y yo ya andaba en la despedida de mi estancia, observé que entraba por la ventana de la cocina una intensa y cálida luz. Y me fui hacia la loma, para ver otro de los atardeceres en esta tierra, que en estos momentos se me antojaba distinto. Y según me iba acercando, no podía dejar de mirar el cielo en sus 360 º. Era una amplia gama de colores y tonos que cambiaban prácticamente a cada segundo. Sobre el pueblo caía una luz anaranjada, muy luminosa que parecía “dar claridad, nitidez”, y según iba girando mi vista aparecían unos azules intensos y profundos, los grises de allá, los rosas teñidos por cortinas ondulantes de blanco, donde todavía llovía… y unos naranjas azulados brillantes por donde se iba escondiendo el sol.

De repente, en mi absorción de esta espectacular escenografía, en la que sólo veía pureza, belleza… observé desde lo alto de la loma esa nave que se cruzó en mi mirada y lo que se veía del pueblo, el campanario y parte de algunas paredes y tejados,  y me parecieron una pegatina, un “postizo de chismes y enredos viejos” en medio de tal eclosión natural. Y me acordé otra vez de la frescura que sentí en esos zapatos de Luna, y una vez más, me di cuenta de lo mucho que nos perdemos… Tal vez, nos perdemos lo mejor, lo que surge, sin más… El cielo, esa tarde, también me lo recordó. En el cielo lo que Ves, Es.

Beatriz.

Un secreto a voces, un grito ahogado

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En algún momento incierto de la historia, ocurrió algo que abrió la puerta de la violencia; desde entonces las mujeres callaron, se enfrentaron, se distanciaron y se aislaron, refugiándose cada una de ellas en el silencio de esa oscura experiencia, que por mantener enterrada emanaba hedor. Las mujeres olvidaron su dulzura, afanándose en tareas, haciéndose las duras, las fuertes, las que sostienen, protegen… las que se ocupan y lo hacen todo; y desplazaron a los hombres. Aquel acontecimiento que les perseguía en sus vidas había sembrado agresividad, violencia y miedo. Y desde entonces, las mujeres y los hombres, en las siguientes generaciones, estaban separados, divididos; se relacionaban con el peso de aquel suceso… que lo que estaba pidiendo a gritos es Reconciliación.

 

Mujeres…

Mujeres de la historia, mujeres del tiempo, mujeres que atraviesan un espacio, y sin saberlo, vuelven a encontrarse para darse otra oportunidad, para darse la mano.

Mujeres que han callado, que se han mirado a la cara cabizbajas, guardando secretos, mujeres que han cerrado las puertas de sus casas para llorar en silencio, para desahogar ese nudo en la garganta que les asfixia, para darse cuenta de que en sus alcobas viven junto al engaño. Y miran a ese hombre, que tiene por nombre marido, y se dan cuenta de que no le aman, de que es una mujer infeliz, atrapada en un mundo gris de recuerdos del que, piensa, no puede salir.

Ese no era el plan, eso no era lo que había soñado… y la autoestima, la rabia, la agresividad y la culpa se quedan dormidas por un tiempo.  Miran a ese hombre y no le conocen, y tampoco saben por qué siguen junto a él. Se sienten ausentes de esa vida que quería ser compartida, y se han puesto una coraza en el corazón porque duele sentir, porque pesa mucho la ausencia de esa mujer que confió y se quedó congelada en el tiempo.

Las mujeres se cruzan y saben de este vacío que se ha hecho hondo muy poco a poco, de este pozo de silencios donde hay una gran emoción que huele a pesadumbre y hastío, a rabia, cansancio y soledad. Y por no sentir el pesar tan hondo se acostumbraron a la rutina, cargándose de deberes y quehaceres. Así se amortigua el dolor y ya no queda tiempo para decisiones o actuaciones, para sentir.

A veces se miran unas a otras, sin decir, sin compartir, envidiando la vida ajena, mirando desde abajo o desde arriba lo de fuera como el mejor paisaje, y no dicen y no comparten su propia historia, no se encuentran. Recelos, violencia, envidias, retiradas, luchas de poder, secretos de alcoba, enfrentamientos… ausencias, soledad…

Las miradas de las mujeres se cruzan, y sienten que quieren hablar pero no se atreven a escuchar su propia voz. Cuesta hablar de lo que duele, cuesta decidirse soltar el drama y tomar otro camino. La rutina de callar se apelmaza en la garganta que de puro miedo se cierra. Y mientras sigue cerrada, el corazón palpita sintiendo punzadas de culpabilidad.

La vida dejó de tener sentido aunque está llena de ocupaciones. Se fue la pasión, la ilusión, la confianza, el amor… Se fue la posibilidad de tener un hogar…  La mujer no está en paz, está fuera aunque se encuentre dentro, con miedo a salir, con sentimientos de derrota, de inutilidad, de que no hay nada que hacer, y aguanta lo que no quiere. Se ha acostumbrado a sobrevivir mendigando, pidiendo limosnas de afecto y reconocimiento.

Se ocupa una casa llena de mentiras y ficciones, de fingir estar bien cuando la comunicación dejó de existir casi desde el principio.

Mujeres…

Y hay madres, hijas, tías, abuelas, amigas, vecinas, conocidas… y los secretos siguen perviviendo, esperando a que esa voz, dulce, quiera hablar desde el corazón…

Hombres…

Los hombres están al lado, dedicados a otro mundo, el de las obligaciones y deberes que requiere el ser macho, el que trae el alimento, el que sostiene y protege. Y vive fuera para llevar dentro, aunque este dentro sea la excusa de estar fuera.

El hombre no mira a la mujer, ignora su presencia, porque ella tampoco se ve ni se escucha. Tiene ganas de vida y no se da cuenta de lo que tiene, de quien tiene al lado. Le gusta la aventura y la busca fuera, cayendo en escenarios de infidelidades que vuelven a homenajear el mundo de los secretos. Y ellos también los callan pero se les olvida. Llegan a casa y está todo puesto y dispuesto, en orden… y el orden no está ordenado, es una máscara, el cofre de los grandes secretos ahogados, aprisionados en las paredes que se vuelven frías, gélidas.

Y las mujeres y los hombres siguen así por tiempos y generaciones, “estando fuera” y de espaldas, sin mirarse de frente y a los ojos, sin reconciliarse, sin reconocerse, sin verse, sin conocerse, sin atenderse… sin Ver que son lo mismo.

Y las mujeres quieren darse la mano,  y dar la mano a los hombres y caminar juntos, dejar caer las ramas secas de la incomunicación, que empieza con uno mismo. Porque es así como comienzan los enredos de un teatro que está lleno de caretas, de interpretaciones y de hilos conductores de una misma historia que busca la reconciliación con uno mismo; no se sabe cuándo, pero en algún momento cada uno dejó de escucharse, dejó de ser él mismo, cada uno de ellos se olvidó de su cuerpo y de su propia presencia, de su propia voz, de su propia identidad.

Sólo es necesario darse la vuelta y encontrarse… desde el corazón, desde el Amor. Dejar de buscar fuera y estar dentro, sentirse uno mismo, actuar desde los propios cimientos. Curar la voluntad de ser yo mismo, sin miedos, sin dudas, sin culpas…

 Y lo curioso es que este secreto a voces no es ni más ni menos la confirmación de que aun viajando en este mismo planeta, nos seguimos dando la espalda sin querer reconocer nuestros propios errores y aciertos, y ni mucho menos los aciertos de los demás. ¿Dónde se ha quedado el agradecimiento? Existe miedo a dar el salto al acto de despertar en la conciencia de que hombres y mujeres somos complementarios y compañeros de viaje.

Existen otras maneras de relacionarnos cuando la madurez y la conciencia individual se han desarrollado. El reto es el mismo para hombres y mujeres. Da igual en qué parte estés, si eres el que aguantas, el sumiso, la víctima… o el que agrede o abusa; el conflicto se sostiene porque hay participación y alimentación por ambas partes, y puede dar la vuelta de un momento a otro y mostrarse de tantas maneras como creencias y apegos tenga uno mismo. Las caretas dan vueltas y cambian de posiciones mientras se sigue en la contienda.  El conflicto se mantiene mientras cada uno de ellos niega su responsabilidad. En realidad, ninguno se ama, y cada uno de ellos, desde una posición o tendencia aparentemente distinta, colabora en la división, en protegerse dentro de un estado de aferramiento al drama emocional, buscando que te den otros lo que tú mismo no te das: aceptación, aprobación, respeto, reconocimiento, ternura, AMOR… En realidad, no se dan cuenta de que, ambos, están fuera y no dentro… porque no creen, no confían ni quieren darse una oportunidad. Uno mismo se destierra y cae en la ignorancia de no querer escucharse ni hacerse cargo de sí mismo.

No es una cuestión de género sino de conciencia.  Empieza a AMARTE y verás lo que ocurre…  Empieza a Comunicar- te y verás qué ocurre. Entonces es cuando somos capaces de Vernos y de Ver desde el Respeto y la Confianza. Me dejo ser quien soy, me acepto y dejo que el otro sea y se manifieste como es. Los círculos repetitivos dramáticos desaparecen y emergen nuevas formas de interactuar y comunicarse, con nosotros mismos, con los demás, con todo lo que nos rodea.

Empieza a Amarte y verás lo que ocurre…

 Beatriz.  

La Dama y el Caballero

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(Foto de ladycrochet.blogspot.com.es)

Érase una vez un caballero y una dama que vivían en un castillo de 50 mts cuadrados. Tenían por mascota a una tigresa “agatada” o… ¿era una gata atigrada? ¡Tenía buen pelaje! y  pelos a pelos, ¡un buen cojín se hicieron! ¡Para que luego digan que no se contribuye al reciclaje!

El caballero de nuestro cuento es un gran… guerrero, (bueno, éste es su apellido) y se dedica  a soñar con grandes hazañas como llenar el frigorífico cada semana. Su objetivo en la vida es rescatar a princesas en apuros y a ancianos desvalidos, aunque últimamente no tiene mucho trabajo, un parado más de… ¿larga duración??? Se anuncia en el Twister, en el Factbook…pero se  ha dado cuenta de que las princesas ya no quieren ser rescatadas, ahora quieren ser liberadas de los sindicatos. Así que… se ha borrado del INEM y se ha puesto por su cuenta, como se suele decir, trabajador por cuenta propia.

Se le ve a veces blandiendo los cuchillos para… ¡cortar la cebolla! Se está preparando para combatir con su gran espada.

– ¡Ya está bien!! ¡Que llevo ya muchos años de preparación!! ¡¡Que lo que quiero es sacarla!!

Vanos intentos son, con una mano sujeta y con la otra estira… estira… los billetes como puede. Cada vez que va al “mercaroba” (¡uy no se puede dar publicidad!!) llora por dentro en el acto de soltar los billetes. ¡Está jarto de este tipo de batallas!  ¡Anda qué…! muchas damas querrían pillarle por su apellido y linaje…pero la dama que lo conoció reconoció enseguida su hermosura y soltura ¡Fue un flechazo en tol ojo! Y viven de alquiler en su castillo de 50 mts cuadrados, encantados de tener tanto espacio para sus hazañas…

Nuestro caballero se acuerda de cuando antes llevaba altanero la espada y el escudo; tenía las manos ocupadas por el escudo flamante y su espada brillante, y, ahora, cabizbajo, tiene las manos ocupadas con dos bolsas del Froski a medio llenar, con temor a que le diga la cajera: – ¡señor… le faltan diez céntimos!.

Tanto tiempo sin ejercer, que la empuñadura de su espada está empotrada en su vaina y ¡no la puede sacar! De soltero andaba harto de comer sardinas y jamón York, y sólo de vez en cuando se permitía una cerveza con alcohol. Ahora las cosas han cambiado mucho, ya no son como antes. A la dama y el caballero les apasiona la cocina y se inventan comidas que no dejan de ser caseras y ricas ricas en vitaminas, oligoelementos, omega 3… De ser servidos con buenos y abundantes manjares han pasado a la comida sana y saludable del potaje y las judías pintas ¡ellos se lo guisan y ellos se lo comen! Atrás quedaron las comilonas multitudinarias regadas de buenos caldos y foie de la France.

En cuestiones de batallas ahora se ahorra mucho tiempo y esfuerzo en el ajetreo de salir a combatir. Que si patatín, patatán… que si el enemigo es más fuerte, que si son más, que esta tierra es mía y dices ahora que es tuya… ¡en fin…! que ahora se reduce la cosa en derrotar no al otro sino en darle a la pelota continuamente y sacarnos a nosotros mismos de quicio. ¿Maneras?, muchas: ondas de todo tipo y condición, Internet, móviles, tv… que si chismorreos por aquí y por allá, que si reductores de michelines, aumento-reducción de pechos, de labios, congelación-bajada o…retirada definitiva de sueldos – que ahora es lo que más se lleva por cierto-  sube y baja la bolsa, suben y resuben los impuestos, bajan el tiro de los pantalones… meditar para subir y conectarse al cielo, hacer chikung para bajar y enraizarse ¡Subir, bajar, subir, bajar, subir, bajar! ¡Qué mareo!!!

Antes el caballero se retiraba combatiendo, ahora se retira sin combatir por miedo a… ¿perder sus dominios? o… ¿son los dominios de otros? El lío desde luego es de continuo. Ahora el caballero no sabe quién es el enemigo, anda con el ojo puesto a diferentes bandas. Hay caballeros que se visten de damas y damas que aseguran ser caballeros, vamos que to esto es para volverse loco y en medio de la batalla es muy fácil perderse y tan siquiera saber por qué estás combatiendo. ¡Qué sobre esto anda el juego! ¡para que te despistes, te hagas un lío y no sepas ni dónde andas…! ¡Eso sí… necesitas tiempo para dejarte liar… un tiempo comprado y robado para que tengas miedo y hagas… ¿ lo que otros quieran?

Antes se organizaban en ejércitos, y ahora todo el mundo está con la mano en la empuñadura, sin atreverse a sacar la espada porque no ven o dicen no ver al enemigo. Ahora hay que tener cuidao nada más abrir los ojos cuando te levantas, que ya te tose el de al lado con bufidos.  Lo que prima es tomarse la palabra a la vez, pegar cuatro voces y que al final nadie quiera saber nada. ¡Tonto el último! El vecino se retira con un portazo, los de Endesa te martirizan con sus cuentos, los de Ono te engatusan y te endosan lo que no has pedido, las facturas suben y suben, y aún se trabaja sin cobrar. La dama y el caballero están planteándose volver a las velas y candiles porque no entienden que hayan plagado el horizonte con molinos de viento y la corriente en vez de bajar, como es normal en la del río, aquí sube y sube y sube… Todo sea, piensan, que ahora más que nunca se necesiten ejércitos de Quijotes para pelear contra estos auténticos gigantes que son los molinos; quizás Alonso Quijano, en vez de loco, era vidente.

Porque no sabe uno si los  bancos son del gobierno ,son del pueblo o si unos los han comprado con dinero de otros para que unos terceros se los queden; y mientras no te dejan ni sacar tu dinero ,ni dejar de pagar la hipoteca, el caso es que entre lo que sube y no debería de bajar pero está por los suelos y lo que debería de bajar por lógica y por justicia, questá por los cielos y subiendo, nos hemos hecho el lío padre, no nos hablamos con la madre y nos mantiene el abuelo. Y además, seguimos con unos kilos de más y sin lograr aprender inglés; vamos, que estamos como antes pero peor…

Es este un mundo raro en el que las chicas ya no quieren ser princesas y las princesas declaran ante el juez, aunque sea para salir ilesas… ¡pan y circo, que no pare el espectáculo!

Si D. Quijote alzara la cabeza diría desconsolado: ¡todo el día matando tontos y aún quedan! Sancho se ha hecho autónomo y ahora cabalga por su cuenta; y la Ínsula de Barataria la ha precintado hacienda, porque quería declarar la independencia y hacer un paraíso fiscal, donde el dinero de los pobres pudiera descansar. Vamos que, te aconsejo que te pongas una nariz de clown, y ríete de to esto que es la tragicomedia con más seguidores que conozco…

¡Sonríeee, ríeteee!!! ¡Y a vivir que son dos días!!!

Beatriz y Carlos.

Nuevos cimientos

Siento que el mundo es un magnífico lugar de expresiones., y este mundo, tan amplio, tan inmenso… es un generador continuo de cambios. A lo largo de la historia han surgido y surgen ideas, pensamientos, conocimientos, intenciones, acciones… que han dado y dan lugar a formas muy diversas; algunas progresan, otras parecen detenerse en el tiempo, y otras tantas desaparecen en su desarrollo.  Y así es la evolución: Nacimientos y muertes se suceden de forma continua en todos los aspectos de la vida, en las células de nuestro propio cuerpo, en las maneras de educar, de gobernar, de socializarse, de organizarse, de vivir… tal vez en un constante vaivén e impulso de “encuentro” que, parece, no se sabe muy bien cómo poner en práctica. Porque da miedo adentrarse en algo distinto, explorar lo nuevo: nuevas experiencias, nuevos encuentros, nuevas metodologías… nuevas actitudes. Da vértigo lo que se desconoce, porque da miedo dejar de agarrarse a lo de siempre, que, tal vez, creo es lo único, lo mejor… Da vértigo soltar, dejar de aferrarse con ese sentimiento de posesión que sólo desconfía… Da miedo tambalearse y sentir que algo se desmorona,  creer que se pierde el control. Da miedo dejar de pensar, soltar creencias y SENTIR, poner las manos en tu corazón. Da miedo dejar de fingir y SER. Da miedo Ser uno mismo.

Evolucionar es ser quien eres en cada paso, en cada momento vivido, siendo capaz de dejar atrás lo acontecido, con desapego, para generar así otro nuevo impulso, otro momento distinto, una nueva expresión. Es en cada paso y experiencia vivida que nos vamos transformando, nos vamos reconociendo, lo externo y lo interno se van acercando y quieren encontrarse, hacerse uno. Y esto es evolucionar. La evolución es Movimiento, dentro de mí, con el otro.

Y tal vez, lo que nos cuesta asimilar y digerir es precisamente “soltar” lo que ya no sirve, porque hemos mantenido por mucho tiempo el sentido y sentimiento de posesión para vivir, o mejor dicho, para “sobrevivir”.

La historia está llena de historias que están basadas en unos cimientos de control y luchas de poder, de actitudes jerárquicas, de posiciones rígidas,  que sólo llevan a vivir en estados de carencia, de posesión y de separación. En esta forma de sistema no es posible  el Bienestar, la Salud, la Prosperidad,  la Comunicación, la Evolución de la Vida, porque la vida es movimiento.

Si entendemos que las pérdidas no son pérdidas sino procesos de cambio, intenciones de evolución, seremos capaces de alegrarnos por tener la oportunidad de mejorar y participar en la construcción de unos nuevos cimientos donde cada uno es igual de importante que los demás porque es respetado como parte integrante, y no por su historia, sino porque forma parte de ella desde la responsabilidad y la autonomía de Estar y Ser quien Es. No existen ya peldaños para colocar a las personas, ya no se mira desde abajo o desde arriba sino de frente, respetando los espacios.

Del estancamiento al Movimiento.

                            De la separación a la Unidad.

                                              De la exclusión a la participación.

                                                          De la dependencia a la Responsabilidad.

Este texto de reflexión que a continuación os muestro es una invitación a descubrir la Coherencia en ti, a que te preguntes ¿qué es lo esencial en mí? Y que te contestes a ti, y sólo para ti, con sinceridad, y escuches lo que de verdad hace sonreír a tu corazón. Ahí encontrarás tu originalidad y tu coherencia; y eso que escuches, no lo juzgues… es la manera en la que el Amor quiere expresarse a través de ti.

Dedicado a todos los que, en estos momentos tan convulsos de la historia, se están atreviendo a partir de cero, a dejar las estructuras arcaicas, movidos por un impulso interno que sienten y que les lleva a vivir de otra manera, aunque el camino no se vea, aunque el camino sea incierto. Hay Confianza, y hay Corazón. Existen muchas historias de “carencias materiales” y sin embargo, partir de cero es partir “desnudo”, desprovisto de esos cimientos viejos, que han caído y han muerto, para generar otra clase de historias en las que se ha decidido, algunos hemos decidido, vivir desde otra esfera diferente, desde el Respeto y la Vida, desde el Movimiento.

Naciendo de nuevo… desde el AMOR!!

 

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Decido SER LIBRE

Mi corazón me dice una y otra vez que no hay nada que buscar.

Si miras fuera no estás dentro y si no estás dentro lo de fuera sigue siendo un teatro… y en este escenario ¿dónde está el corazón? Lo dejamos a un lado, lo apartamos, dejamos de escucharnos, de escuchar… En este teatro hay ruido, mucho ruido, fantasmas del pasado que reaparecen una y otra vez, historias que gritan desde el dolor y el sufrimiento, que agotan y castigan a un corazón sediento de LUZ. Interpretamos personajes, dejamos unos para coger otros… nos los inventamos de nuevo con diferentes disfraces y en medio de todo esto resurgen la tristeza, la desconfianza, la ira, el resentimiento, el enfado, la culpa, el desamparo, la violencia, el ansia de poder,  la manipulación, la humillación…  un juego donde disfrazarse de víctima o héroe arrastra un sin fin de emociones y sentimientos que se alimentan sin rumbo, queriendo desvelar a un ser que está en guerra consigo mismo, sólo consigo mismo. Mientras estamos en este escenario solemos culpar a los otros, juzgar y apuntar con el dedo, cambiar de escenario, buscar en lo de fuera la causa para así aliviarnos del dolor, las faltas, la soledad, las carencias, la envidia, las comparaciones, la pobreza, la frustración, las ausencias… cuando lo único que veo y escucho reflejado continuamente desde fuera es MI PROPIA AUSENCIA. Ésta es la única batalla que librar.

Liberarme del enfado conmigo mismo, liberarme del juicio hacia mi mismo, liberarme de la exigencia hacia mi mismo, de la crítica, del dolor, de la desesperanza y la desesperación de las que me he impregnado por no escucharme, por dejar que otros hayan ocupado “mi Casa”, un espacio sagrado, diáfano y con luz propia, auténtica, limpia y clara desde el origen, que siempre ha estado y está porque así SOY. Perdonarme por no haberme amado y respetado… perdonarme por la ausencia de AMOR hacia mi mismo, por retener los adornos que empañan y ahogan mi esencia. Mi propia ausencia es la condición que me hace estar en la continua incertidumbre y escasez. Hemos llenado nuestra “Casa” de ilusiones vanas, de conflictos y enredos grises, de pensamientos opacos, de experiencias turbias… Hemos cubierto nuestro ser de envoltorios sin color, de máscaras sin expresión, sin rostro definido y sin sonrisas. Preocupaciones a cuestas, fríos que paralizan, palabras ahogadas, sentimientos asfixiados, secretos, silencios… miedos que se repiten y quedan latentes de generación en generación. Miedo a la pérdida, a perder cuanto poseo, a perder una casa, mi familia… ¡desconfianza!, ¡posesión!… El deseo de posesión es lo que nos hace controlar, aferrarnos, apegarnos, y nuestra manera de apego material es igualmente un reflejo de nuestro apego a nuestra condición de estar preso, de no ser libre. Y…entonces… ¿qué es lo que temo? Temer la pobreza material, la soledad… es tener miedo a quedarme solo y desnudo, es tener miedo a mi propio SER, a mi Casa, a la Abundancia que hay en mí, es tener miedo a Recibirme… Mi ser, tu ser, es abundante desde el origen, luminoso y radiante. Mi ser, tu ser, no quiere estar ocupado sino LIBRE porque soy así, porque tú eres así. Libre es cuando sonrío, canto, respiro, amo, disfruto… y disfruto de lo único que sé hacer: SER YO MISMO.

Es hora de dejar de resistirse, de inventar excusas, de dudar… es hora de danzar, de hablar, de expresar, de crear, de sentir, de ser lo que soy… de confiar que soy digno de estar en mi propia Casa, de DISFRUTAR DE MI CASA. Es sencillo, mucho más sencillo de lo que parece… Pregúntate, siéntete… ¿cómo es tu Casa? Pon en orden tu casa, límpiala, cuídala, mímala, decórala como te pida tu corazón. ¿Cómo puedes ser dueño de algo que desconoces y que no reconoces? ¿Cómo quieres sentirte si no te escuchas? Atrévete a ser el dueño y amo de tu Casa. Tú tienes las llaves… Yo tengo las llaves, sólo yo. Confiar en abrir mi Casa es honrarme, estar dispuesto y permitirme AMAR y SER AMADO, el mejor regalo que puedo darme, el mejor regalo que puedo ofrecer a mis antepasados, mis raíces, y al mundo. Así es como evolucionamos, avanzamos y crecemos…

Agradece la presencia de todos los que aparecen y te encuentras porque lo único que han hecho es recordarte quién eres.

… Y de lo viejo surge lo nuevo… Las aguas removidas se calmarán y lo que estaba en penumbra se ilumina. “EL ORIGEN SOY YO”.

 Beatriz. 

A vueltas con el dinero

El elemento dinero no sólo es un medio de revelar cierto estatus social sino un elemento que se ha convertido en medio para poseer y separar. Poseer bienes materiales, cosas, coches, casas…poseer personas… Deseos de bienes, deseos de distinción, deseos de refugiarse en una aparente seguridad de logros y reconocimiento. POSESIÓN… Alabanzas a los peldaños del poder, poder más que tú… Las historias de los deseos son historias de comparación, y las historias de la comparación son historias de etiquetas y división que se repiten y repiten mientras se mantiene la ignorancia.

Nuestra vida está llena de comparaciones desde el mismo momento de nacer. Comparaciones por el físico, por los cuerpos que tenemos, por la forma en la que nos vestimos y peinamos, por las carreras o estudios que hacemos, por los puestos de trabajo que ocupamos, por las relaciones que entablamos, por lo que hacemos o dejamos de hacer… por el sitio que ocupamos o el que no ocupamos.

Y me pregunto y te pregunto ¿cuál es tu sitio? ¿acaso no hay sitio para todos? ¿qué es lo que hay que ocupar? ¿qué sientes en tu corazón si te paras y escuchas? ¿Por qué luchamos y nos enfrentamos por las cosas externas? ¿por qué nos comparamos continuamente? ¿por qué juzgamos? ¿por qué clasificamos qué es lo mejor y lo peor y decidimos apartar lo que no entendemos? ¿por qué continuamente tenemos necesidad de encasillar, de poner nombres y etiquetar como verdades absolutas lo que hago, en lo que creo…? ¿por qué hacemos diferencias? ¿por qué meter todo en la horma del mismo zapato…?

Continuamente apuntamos, etiquetamos, y etiquetamos por comparación, por juicios, por formas establecidas y analizadas, por lo que vemos alrededor, por lo que se ha enseñado, por lo que fue y ya no está, por perpetuación de creencias y fidelidades que siguen la idea de pertenecer a un grupo, a un clan o a algo que sigue manteniendo la rigidez de una estructura de la que salirse es imaginada y pensada como traición.

Se mantienen las formas que no dejan de ser formas si no hay intención de ver más allá, con una visión más amplia y consciente. Cuando se marca, se analiza y se compara hay separación, desunión de lo que simplemente se manifiesta, y lo que es separado es excluido, ignorado, tapado, enjaulado, asfixiado, anulado… Pero todo tiene su espacio, su sitio, su espacio de manifestación. Todo está para ser manifestado, absolutamente todo, y no hay nada ni mejor ni peor si el impulso es de expansión, creación y manifestación libre, no de posesión. No somos dueños de nada ni de nadie… La posesión ata, limita, estanca. La expansión une, en la expansión los límites simplemente han desaparecido y las formas sólo son el medio libre y equilibrado de expresión de un contenido amplio y diverso.

Hemos hecho de las formas un signo de separación continua, de diferenciación, de distinción de clases, de enmarcación y acotación, cuando la forma es sólo una manifestación del Ser, el movimiento de la Esencia. Y esto es fluir con el universo, con la luz y lo eterno de lo que soy… y esto es Ser en acción, comprender que somos seres libres, eternamente abundantes y que hay sitio para todos y todo pues lo único que necesito es escucharme y dejarme manifestar…  Esto es Conciencia y la conciencia une.

Beatriz.

 

Os propongo escuchar este audio de Soraya.

Soraya Lacaba es ingeniera biofísica por la Universidad de Moscú, creadora del blog Trinityatierra.

En el audio, que tiene por título El Mago de Oz, Soraya muestra la historia del dinero y las formas de erradicar la esclavitud con el mismo, que pasa por recuperar su función primigenia. Según plantea Soraya, se necesita recuperar los conocimientos básicos: el dinero es una unidad de medida, sin valor intrínseco, un cotejo de bienes y servicios de intercambio, pero se ha convertido en un medio de poder, control y manipulación.

 

 

Cuentos Reales

Desde tiempos inmemoriales los cuentos hablan de los contactos del hombre con animales, plantas y piedras. Toda la tradición oral está llena de ejemplos, desde los once genios de la nieve de las culturas siberianas y laponas pasando por los famosos enanitos y gnomos, que ejemplifican a los elementales de la naturaleza, como al universal espíritu del agua, del viento, del fuego y de la tierra de las culturas americanas, celtas y africanas; los tótem animales y las más diversas manifestaciones de la naturaleza encarnadas en gatos, serpientes o monos. Estos contactos no sólo se han narrado a nivel global en las diferentes tradiciones y en los diferentes tiempos; hoy en día, aunque en Occidente se hayan convertido estas creencias orales en dibujos y películas de animación, dándoles en cierto sentido un carácter infantil y de fantasía, la verdad es que, aun enmascaradas, son historias que recuerdan que esta comunicación e interacción se produce y que el contacto con otras realidades existe; al fin y al cabo somos “vecinos” y compartimos el mismo planeta y espacio. Como todo… será escuchado quien se preste a escuchar.

Y aquí os dejo, narrada por Carlos, una graciosa experiencia que parece pero no es un cuento…

CUENTOS REALES

PRÓLOGO:

Cuento,-por vez primera- algunas experiencias que he tenido con piedras, plantas y animales.

Como no pretendo nada más que vencer mis miedos al admitir y contar lo que “a mí me ha pasado o me pasa,” pues he decidido que el título de cuentos reales es muy adecuado.

 CUENTOS porque me gustaría que, a quien le apetezca leer esto, se lo tome como un cuento y no como una tomadura de pelo; tomarlo como un cuento, hace que el ego se distraiga y los oídos escuchen primero antes de opinar, lo cual es buen ejercicio para todos.

 REALES porque a mí me han ocurrido, por mucho que me haya costado digerirlo y admitirlo, que han sido muchos años y no dejo de sorprenderme ante estos hechos que nada ni nadie puede convencerme de que no son reales, entre otras cosas porque la mayor parte de las veces no busco yo la experiencia sino que se despliega y acontece en medio y alrededor de mí.  Y, también, porque no conozco a nadie que sepa lo que es o no real de la vida (y si lo conocéis, por favor presentármelo porque tengo muuuchas preguntas que hacerle).

 LA TURMALINA DE  O CEBREIRO

 Tras cuatro años seguidos de su…”llamada”, acepté ir al Camino de Santiago.

Estábamos en O cebreiro, (veníamos de Villafranca),  hablando allí con un grupo con el que coincidíamos en los albergues, salió en tema de que O Cebreiro era un lugar donde ocurrían cosas mágicas y extrañas, y desde entonces yo creo en la magia “por defecto” pues allí empezó todo:

El caso es que Sheila, una chica de ese grupo, me dijo mira, siento que debes de llevar esto y me extendió una taleguilla que llevaba al cuello, la abrí y era una preciosa turmalina negra y verde; me quedé mirando sorprendido y le dije dudando: pero… ¿qué quieres… que la lleve yo?, sí, dijo ella, creo que te puede ayudar, mañana nos veremos en el albergue próximo, entonces me la das. Yo estaba extrañado y no sabía qué hacer pero no podía dejar de mirar y tocar la turmalina, pues… ¡vale…! Hasta mañana le dije.

Me aparté del bullicio de peregrinos y me interné en el bosque próximo y estuve varios minutos mirándola  y disfrutando de ella pues al día siguiente la tendría que devolver, en esto que estaba pensando qué misterio había en la atracción que sentía por la turmalina y…

-déjame, no me gustas, quiero irme con mi amiga-

Yo miré alrededor asustado ¿qué?

-que me lleves con mi dueña, que no me gustas y no quiero estar contigo.

Pero… ¡me estás hablando! (yo… de verdad, estaba en aquel precioso bosque mirando dónde estaba la cámara oculta porque no daba crédito)

 Y ella seguía con la cantinela, -déjame no me gustas, llévame con ella, quiero estar con mi dueña…-

Yo le dije: -mira, tu dueña ha sentido que me vendría bien tenerte unas horas y mañana al salir de ruta te devuelvo- y la turmalina se calló entonces, me la metí al bolsillo pero al rato otra vez:

-llévame con mi dueña, tú no me gustas- y yo pensaba: pero… ¿a quién narices le puedo contar esto que me está pasando? Si llevara unas cervezas encima casi, casi lo entendería pero…

-No me gustas y quiero que me lleves con mi dueña-

 Así que mirándola le dije:

– muy bien, voy a buscarla y te quedas con ella  y turmalina se calló de nuevo.

Con el cansancio, el calor y la humedad de Julio me puse a buscar a Sheila, había mucha gente ese día; el frontón, el albergue y el polideportivo estaban llenos de gente y grupos, no la encontré y decidí entonces comer mientras la turmalina desde el bolsillo me decía que quería ir con su dueña, que no quería estar conmigo, pero yo no permitía que una puñetera piedra me dijera lo que tenía que hacer, así que no le hacía ni caso.

Llegó la noche y ya tumbado sobre el saco de dormir en el polideportivo que lo cedía el ayuntamiento me decía:

– ¿cuándo me llevas con mi amiga? Quiero estar con ella.

Así que le dije apartándola de mí todo lo que me daba el brazo: – mira, mañana por la mañana, pero ahora me dejas dormir en paz ¿vale?

No había abierto los ojos pero ya oía a gente que aprovechando el frescor de la mañana marchaba al camino.

-buenos días, ¿me llevas con mi amiga?

Yo estaba intentado recopilar y encajar lo que me estaba sucediendo desde hace ya unas horas, estaba enfadado con una piedra turmalina que no hacía más que decirme que yo no le gustaba y que quería estar con su dueña; era una mezcla de enfado, asombro, incredulidad e impotencia porque no sabía a quién contárselo, simplemente me superaba.

-buenos días, ¿me llevas con mi amiga?, me repitió, y yo pensaba para mí: ¡que no, que no… que no es un sueño, que es real, tan real como absurdo!

Me levanté más por enfado que por ganas y me puse a buscar a Sheila, para quitarme a la piedra insolente y habladora de encima, pero no la vi. Creí que ya habría salido y mientras turmalina dando la tabarra, así que me aparté de nuevo de la multitud, la puse en mis manos y le dije: – te lo prometí pero creo que tu dueña ha salido antes de la hora del desayuno, en cuanto lleguemos al siguiente albergue te prometo que te entrego, yo tampoco quiero estar contigo ya, ¿de acuerdo? –

-de acuerdo dijo ella.

Pero al cabo de un rato, no sé, quizás una hora, volvió a preguntarme, la verdad es que insistía mucho menos que el día anterior y eso yo lo entendía como un pacto; deduje que, simplemente, no se podía estar callada, ¡para uno que la escuchaba…!

Me pregunté varias veces si turmalina también hablaba con su dueña y di por supuesto que sí.

-la verdad…ahora que te conozco más, estoy también a gusto contigo, me gustas.

-¿qué? ¿Ahora que te devuelvo a tu amiga me dices eso?

Sheila se aproximaba y yo, mientras se acercaba, le explicaba todo cuanto había acontecido con su piedra, ella me miraba  sonriente y nunca supe si  sonreía por el “cuento” que le estaba contando  o porque entendía mucho mejor que yo cuanto aconteció un caluroso y húmedo día de julio en O Cebreiro.

Turmalina

 

Carlos Las Heras.

Tus ojos te están mirando

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Siento que la Vida es un viaje de reencuentro con uno mismo, que las experiencias son vivencias que cambian de fondos y personajes para aprender a Amarme, a Amar, a reconocer mi conocimiento y sabiduría innatos, el Amor que soy. Y en este tiempo en el que se acaba de celebrar la fiesta cristiana de la Epifanía (Jesús se da a conocer, Manifestación de Cristo en la carne) me sugiere una lectura personal que me habla de esa epifanía como la Revelación o Transformación que surge en el reencuentro de uno mismo, en ese abrazarte de corazón, sabiendo que quién eres es una manifestación hermosa y singular, que siempre Está y Es, aunque juegues a viajar “vestido” de distintas formas en la brevedad y limitación del tiempo.

Pregúntate si miras la vida a través de tus ojos o son los ojos de otros los que miran por ti… Tal vez sea ésta la ofrenda de tu viaje:  ABRIR TUS PROPIOS OJOS.

¿Dónde se fija tu mirada? Dentro, fuera… delante, detrás… arriba, abajo… ¿qué busco cuando miro?, ¿de qué manera observo?

Pregúntate si sientes a través de tus manos o, quizás, los dedos que mueves cada día se abren y cierran porque sí, date cuenta si cogen o acogen. ¿Qué hacen tus manos?

Pregúntate si saboreas con gusto lo que pruebas de las experiencias, de tus vivencias cotidianas; ¿de qué forma decides estar…?

¿Y tú? ¿Te mimas, te alegras de verte cuando te miras al espejo?, ¿te incomodas, te gusta lo que ves? ¿Puedes observarte, acariciarte, ser consciente de tus células, tus órganos? Están ahí todos los días, contigo, desde que naciste, haciendo su trabajo sin hacer ruido, sin que te des cuenta… cuidándote, conteniendo vida en cada segundo; ¿de qué y cómo te alimentas para mantenerte vital? Alimentos, emociones, actitudes… ¿de qué llenas a tus células? ¿Las nutres con lo que les sienta bien?

¿Qué dice tu cuerpo?, ¿qué ocurre si te miras desnudo frente al espejo?, ¿qué ves?, ¿a quién ves?, ¿cómo te sientes? ¿Puedes mirarte fijamente a los ojos y sostener tu propia mirada?, ¿sostenerte a ti mismo, contemplar tu desnudez y sonreírte, sostener lo que ves, abrazarte y sentirte?

Observa, obsérvate, siente. ¿Hay alguna parte de ti que se resiente, que está maltratada?, ¿qué te dice? Habla contigo, escúchate…

Pregúntate si hueles aromas agradables, si te gustan esos olores que te envuelven a lo largo del día, si son perfumes que te hacen sonreír, que te relajan, te alegran… te hacen respirar profundamente.

Pregúntate y fíjate en tus pies, si tu calzado te hace andar a gusto, si vas cómodo, si tus pies caminan tranquilos o se quejan. ¿Les prestas atención a tus pies? Tal vez quieran ser masajeados, tomar un baño, ir hacia otro lado, estar calentitos… o tal vez sólo quieran descansar para coger otra dirección.

 Construir, tocar, integrar, crear, equilibrar, abrazar, cantar, unir, reír, sostener, respirar,  caminar, amar…

Desmenuzar,  gesticular, chillar, apuntar, imitar…

Apretar, desunir, manipular, invadir, detener, juzgar, pisotear, vaciar, violar, destruir…

Continuamente nuestro cuerpo es portador y emisor de emociones, creencias, ideas que circulan para ser expresados, y no silenciados. ¿Qué quieres expresar y cómo? Tú eres tu vehículo de comunicación. ¿Te comunicas contigo?, cómo… ¿y con los demás?

Estamos pasando tiempos revueltos, con la sensación, quizás, de ir a la deriva, de notar que el tiempo pasa muy rápido y que a la vez se detiene sin ocurrir nada, y de ver los gestos cansados de llevar la vida a cuestas, como un gran peso… y ¿qué pesos tan grandes se están sosteniendo que aun tambaleándose se resisten a dejar el control y soltar? Cuerpos que gritan ¡quiero disfrutar!  Y ¿qué es disfrutar?

Para mí, disfrutar es abrir tus propios ojos a lo que eres, a tu propio Ser, a quién eres, tus gustos, tus colores, tus sabores, tus olores… ¡Y nada ni nadie puede sentir eso por ti! Divertirte contigo mismo es disfrutar de tu propia Vida, la que revolotea dentro de ti y te sacude cuando no le haces caso.

¡Sacúdete de esquemas, de ideas limitantes, de juicios, de opiniones…! Sacúdete de todo eso y atrévete a vivir la vida a través de tus propios ojos.

¿Son tus ojos los que miran o son los ojos de otros los que miran por ti?

Beatriz.

El relato que a continuación os presento es muy ilustrativo de cómo las dolencias del cuerpo empiezan a ser enfermedades en el alma, que de tanto taparse acaba por expresarlas el cuerpo. Su autor, Carlos Las Heras

Lunas rotas, soles escondidos

2013-08-12 19.45.03

Tantos deseos acumulados son perjudiciales para la salud, tantas ganas atropelladas conducen a la disolución de los elementos, a la dispersión, al silencio, al olvido.

Estos deseos sin cumplir tienen un alto contenido en  lunas rotas y soles escondidos; eso afecta a la memoria, concretamente a la región cerebral de la esperanza que pierde vigor ante la desesperación y provoca un descenso de las endorfinas a la vez que reactiva una proteína asesina llamada impotencia, y ésta lleva al desasosiego crónico.

El exceso de ganas paralizadas produce un encogimiento muscular en la cara, los músculos encargados de la sonrisa se ponen duros y se pierde, por tanto, la oportunidad de iluminar con la sonrisa el alma de los demás; a veces, también  afecta a la capacidad del llanto con una progresiva pérdida de brillo en los ojos que, al retener sus fluidos, se estancan y corrompen, y nunca fueron buenas esas aguas….

Los pulmones, poco a poco dejan de recordar que “han de aspirar a algo” y las vías respiratorias se van obturando de “yo no puedos”.

La tensión se descompensa, la diastólica pierde “ganas” y la sistólica es conquistada por “yo no valgos”, produciendo al fin que el corazón se vuelva más y más sensible a las noches de lunas rotas y a los días de soles escondidos que, por momentos, invaden el pericardio y da lugar a que se reproduzcan unas bacterias llamadas “nada por lo que luchar”.

Tantos proyectos aparcados producen que el sistema inmunológico se debilite y que aparezcan enfermedades oportunistas, los T4 bajan de manera importante debido al exceso de “ayer” y la falta de “mañana”; entonces es cuando disminuye la absorción de vitaminas “yo no me rindo”.

Las arterias  acumulan el rocío de “todos los días igual”, la capacidad auditiva también se resiente porque uno no encuentra la información de cómo parar el proceso degenerativo, así que se formará un tapón alrededor que aísla al individuo y deshace un cartílago llamado: “por mi madre que salgo de ésta”, tan necesario en estos momentos.

El tracto digestivo retiene cualquier proceso liberador y sufre mucho por no poder disponer de “no hay mal que cien años dure”, por eso, los jugos gástricos se reducen a la mitad y se produce un empacho de tristeza al no poder digerir adecuadamente los “¿por qué me pasa a mí esto?”, o ciertas cantidades de “¿para qué me pasa esto a mí?”.

Fallan también los riñones que se resisten a filtrar la situación angustiosa porque la vejez prematura que estimula el virus “desesperanza” avanza.

El hígado, incapaz de metabolizar los enfados, colorea los ojos que, ávidos de alegría y de miradas amorosas, se van vidriando y, entonces, los “yo no sé”, “los yo no puedo” atacan al sistema endocrino y la tiroides padece de “ya no hay nada que hacer”….

… Lógicamente, ante todo esto, no hay más remedio que la intervención quirúrgica, instalar una sonda que canalice los recuerdos de las horas felices, las travesuras infantiles, las tardes de verano con la bicicleta, las aventuras en la mili, las horas íntimas en pareja, los amigos de la  juventud, etc… cosas que hagan contacto con las neuronas que tienden a evadirse de tanto morir en vida…

… porque si no se llega a tiempo, queda el cuerpo exhausto, la cabeza caída y el alma rendida, engañada como las lunas y los soles que se amontonan en los archivos de las posibilidades que no se supieron aprovechar.

Flotan las neuronas que parecen sentenciar su propio aislamiento llenándose de “si hubiera hecho esto en vez de aquello…!” y el cerebro se pone al ralentí, con la energía de reserva se separa del resto del cuerpo y así permanece en el éter.

Por eso, el ministerio de salud le recomienda no vivir, no sea que  algo de esto le ocurra alguna vez.

Carlos Las Heras

 <<escuchando “palabras para Julia” de Rosa León>>

…para aquellos que dominan el arte del humor aun cayéndose en pedazos