Archivos de la categoría REFLEXIÓN Beatriz

Desvelando la inocencia

 

 

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¿De cuántas formas hemos herido a nuestros corazones?

En el nombre de Dios, de dogmas y creencias religiosas, del amor, de la familia, de un ídolo, de la libertad, de la vida, de la patria…  de cuántas formas se ha alzado el puño y se ha tomado el testigo de la inocencia  disfrazándola con trajes y experiencias de dolor, de tragedias, de abusos, de víctimas y verdugos, de penitencias, de honores y reconocimientos, de salvaciones, de culpas, de castigos, de “hacer justicia”, de palos por las espaldas, de odio y violencia…

Y mi corazón me dice ahora que nunca hubo nada que salvar, ni que arreglar o sostener, nada que compensar, nada por lo que hacer justicia, y menos en nombre de nada ni de nadie; nada que hacer. Es la mirada del soberbio, del que aplasta porque sí, del que mira por encima y ni tan siquiera agradece la vida: tiene el corazón congelado.

Se ha vestido a la inocencia de codicia y orgullo, y se ha pasado de largo sin mirarla, sin escucharla. Jamás pidió que se la vistiera de otra cosa que no ES, y Es pura Vida, igual que tú, igual que el otro, igual que todo lo demás.

Mientras se disfraza a la inocencia el mismo juego se repite, el juego de las diferencias, de lo que es mejor, peor… y la inocencia no hace distinciones, no hace ajustes de cuentas, ni compensaciones… no rechaza, acepta e incluye porque ve la unidad. La inocencia recibe.

Sólo cuando se mira y se reconoce que somos iguales, los trajes se caen y el velo se aparta. El juego se ha terminado, algo nuevo florece.

Beatriz

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La ilusión del deseo

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¿Cuál es el valor de las cosas? ¿qué me hace dar valor, valorar a una persona, valorarme a mí, lo que me rodea…?

A veces, de momento, me he quedado quieta, mirando alrededor. Una silla, una mesa, una jarra de agua, un mueble, discos, una planta en el rincón… unas fotos… y, de momento, todas esas cosas me han hablado de una manera distinta. ¿Cuál es el valor de todo esto? Y en ese impase las cosas han dejado de ser cosas, de tener un “valor”: se han esfumado los matices de valor económico, valor personal o valor de pertenencia. En mi visión se ha cruzado otra, fugaz… y me ha gustado.

Y esto es lo que me ha dado pie a reflexionar y sentir sobre el tener y el sentido de pertenencia.

En la vida diaria nos movemos en un sin fin de circunstancias donde es cotidiano decir, esto es mío, tengo esto, me voy a comprar esto, aquello me pertenece, ¿me puedes prestar tu…?. Mi marido, mi esposa, mis hijos, mis amigos, mi casa, mi perro, mi profesión, mis cualidades…

Mío, tuyo…Posesión… nos movemos en torno a conceptos de adquisición y  posesión, e incluso si hay pérdidas, pues aparece un sentimiento de escasez, de falta, de vacío, de carecer de lo que me pertenecía; lo que “era mío” ya no está, se ha ido, ha desaparecido…, pareciendo incluso que eso, que ya no está dentro de mi campo, de mi control, de mi visión, “ha perdido su valor”. “Ya no lo tengo… ya no está a mi lado…” diría.

¿Qué es lo que da valor a las cosas, personas…? ¿Acaso este valor depende de una medida, opinión, gusto…externo?  Se pone… se quita… se modifica… según distintas variables externas.

¿Quién posee a quién? Que tus posesiones no te posean me ha surgido decir…

Poseer… Compartir… En mi mirada personal han aparecido estos conceptos y lo que siento es que la posesión no permite el compartir. Compartir es una acción que proviene del estado de riqueza: Nada falta, todo está ahí para ser disfrutado… nadie quita a nadie, todo está para todos, no hay nada que retener porque nada es mío o tuyo; sólo pasa a través de mí o de ti, durante un determinado tiempo, dure lo que dure…porque cada cosa, persona…tiene su propio valor, inherente y prístino. Nada ni nadie se lo da o se lo quita. Lo tiene por el simple hecho de existir, estar y Ser. Sin embargo no es habitual darnos cuenta de ello, y se tiende tanto a la posesión de bienes, cosas, personas, entornos…y se ha llegado a un nivel tal de parcelación e individualismo en todos los sentidos, que el sentido natural de unidad se pierde.

La posesión anula la posibilidad de disfrutar. Si le quitas el añadido de pertenencia, eso que tienes, que está contigo, adquiere presencia; sigue siendo lo mismo, pero tu mirada, distinta, permitirá que puedas disfrutarlo. El miedo a la perdida te lleva a negar el verdadero valor de las cosas, a disfrutar plenamente de eso que surge, de eso que tienes, de eso que está a tu lado…porque, quizás, el valor de las cosas no está en el que tú le das, en el que tú le pones, sino en apreciar lo que te ofrece mientras está a tu lado. No se trata de que uno añada nada, o de que quites algo, sino de disfrutar de lo que se te presenta y se te brinda, de forma natural. Y así, es como veo posible que surja un encuentro. No hay ficciones ni exigencias, sólo curiosidad e ilusión por conocer, asombro y alegría. Puedes optar por experimentarlo o no… y en cualquier caso será tu decisión… nada más.

Y ésta es mi mirada hacia el valor de las cosas y cuanto nos rodea… hacia el valor y la estima que se tiene uno mismo… hacia el compartir…

Beatriz

El Amor no tiene ningún nombre

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Muchas veces, observando, escuchando entre diferentes ambientes… mi corazón me ha susurrado:

¿Por qué y para qué dais nombre a lo que no lo tiene? El alma no se nombra… se siente. Se busca encasillar y hacer una disciplina, da igual su nombre y sus formas, de algo tan profundo y sentido como es la voz del corazón.

Sentir lo que me dice mi corazón o tu corazón, no permite traficar con las notas musicales que entonan la propia melodía. Otras manos y voces podrán tocarte, decirte, acariciarte, dirigirte, acercarse, aconsejarte, notar tu brisa, oírte, incluso escucharte o no… pero nunca podrán ocupar tu lugar, el  espacio sincero de tu corazón y su particular forma o formas de expresión.

Mi curiosidad me ha llevado a escuchar distintas voces de “maestros”, a veces tan dispares unas de otras, que visto desde fuera el espectáculo, me he dado cuenta de que, quizás, sólo quizás, eran sus propias voces las que se hablaban y, tal vez, tal vez esas voces sólo querían ser escuchadas por ellos mismos.

En este mundo donde han aflorado mil y una técnicas que se engloban dentro de la “espiritualidad”, veo una contradicción. En demasiadas ocasiones se intenta guiar, aconsejar, dibujar, concretar, delimitar, “sacar fuera de uno mismo”… lo que no se puede concretar, lo que no tiene nombre ni nunca lo tuvo; bajo mi punto de vista, de esta manera se continúa clasificando y enjaulando nuestra parte divina, parcelando, dividiendo, separando y haciendo diferente algo que no lo es; nuestra parte más profunda y amada es tratada como una parte aislada cuando, me pregunto y te pregunto ¿acaso el corazón está aparte de todo tu cuerpo y tu ser? El cuerpo es un lote, acompasado, de “material físico y no físico”, que sólo intenta expresarse con coherencia…

Desde mi propia experiencia me doy cuenta y comprendo que el Amor que hay en mi corazón no es tratable ni cuestionable desde ninguna disciplina, desde ningún aspecto; siempre está… en cualquier momento, a cualquier hora, segundo… en todas las vivencias y experiencias que vivo… todas, sin excepción alguna.

¿Qué es el amor sino uno mismo? Tú entero… tú cuando te levantas, te peinas, corres, estás quieto, cuando besas, cuando trabajas, cuando estás de bajón, triste, aburrido, cuando pataleas, cuando ríes o lloras, cuando bailas, cuando cocinas, cuando gritas, cuando estás reunido, cuando te enfadas, cuando no haces nada…

Yo y tú, tú y yo… somos la propia fuente, el propio río de la vida, el remanso de paz y equilibrio…La voz que guía está en mí, dentro de ti… no está fuera.

Desde hace tiempo escucho una voz que ronronea:

“No le des poder a nada ni a nadie, excepto a ti mismo, a tu corazón”

Lo que de verdad importa, lo que de verdad me importa a mi o a ti, sólo puedes saberlo tú, sólo puedes sentirlo tú y nadie más. En el respeto a la expresión natural de cada ser está la Vida.

A veces veo que éste es un tiempo de engaños y mentiras, de grandes ficciones en todos los aspectos de la vida (educación, política, ocio, moda…), y quizás lo que se está mostrando de forma descarada son distintas escenas que nos plantean lo mismo: ¿eres fiel a ti mismo, eres sincero contigo mismo? ¿a quién sigues?

Personalmente considero que, la misma dinámica de ficciones y dependencias también se ha hecho extensible a lo que se denomina el desarrollo personal, proliferando lo que, a mi modo de ver y sentir, se ha convertido en una “espiritualidad” mal entendida. No hay que conseguir nada ni llegar a ningún lado… Los marcos, las exigencias, sean del tipo que sean, no caben dentro del corazón, del amor que somos ya. Traficar con nuestra parte divina es un acto de manipulación y egoísmo, otra manera diferente de alejarnos de nosotros mismos.

A mí me gusta hablar de Vida, de vivir distintas experiencias que nos van aportando perspectivas diferentes, distintos modos de ver y una apertura hacia nuestro propio encuentro… y eso no se busca, ni tiene nombre, ni hay que pagar por ello;  es un movimiento natural que surge y va surgiendo… con el día a día, con todos los momentos y experiencias diarios, los que nos acontecen con los vecinos, tu familia, en el trabajo, en el supermercado, en la cola del cine, comprándote unos vaqueros… porque desde que te levantas hasta que te acuestas ocurren cosas de las que soy partícipe y en las que puedo decidir. Extraordinaria es la actitud de tomar la propia vida diaria como el camino y el espacio natural del propio desarrollo y evolución personal…

Maestros… maestros de esto o aquello… Cuando uno es capaz de escucharse maestro sólo hay uno y ése eres tú mismo, en cualquier momento y circunstancia de la normalidad, de tu día a día; incluso llegará ese momento determinado en el que sentirás que el nombre de maestro sobra, porque te darás cuenta de que eso que parecía tan inalcanzable, tan misterioso…es lo natural en ti, eres tú mismo: “El hogar, el amor, la magia, la Vida… lo lleva uno puesto siempre, y gratis”.

Podrás pedir consejo… y buen consejero será aquel que te respete, que no haga sentirte un extraño, y que te haga saber que eres ya una bella y valiosa joya… porque sabe Escuchar.

No hay técnicas que seguir para brillar…Brillas a medida que experimentas y vives la vida a través de tus propios ojos y tu corazón, los tuyos… y los de nadie más. ¡No te sientas un extraño… en tu propia “casa”!

Beatriz

 

Unos nuevos zapatos

 

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Luna es una niña de cinco años, presumida, coqueta. De ojos grandes y rebelde. Y es una niña que viene de París, pero esto no es un cuento sino que, en realidad, su acento es francés.

Hemos coincidido unos días en una pequeña aldea y una tarde que yo paseaba con mi cámara de fotos me encontré con Luna que me la pidió.  Al enseñarme después su reportaje fotográfico me llamaron la atención sus fotos claras y enfocadas, y allí estaban las gallinas de Mariano en primer plano, el revuelto de unos trozos de sandía y melón en el fondo de un cubo, y el mismo cubo vacío, una vez que ya se habían atiborrado las gallinas. También le había hecho fotos a su mamá, que tenía a su hermano Óscar en brazos, un bebé de pocos meses. Y pasando pasando…  vi la imagen de sus zapatos, unos lindos zapatitos rojos que me sacaron una sonrisa porque yo, como Luna, me miro de vez en cuando los zapatos y los fotografío. Y me fijé entonces en los míos, y pensé que ya era hora de cambiar de zapatos.

Los que he llevado por un tiempo me han servido para ver, para entender, para comprender, para aprender… y para decidir que ahora quiero llevar otros, tan lindos como los de Luna, que me trasportó en esa tarde al juego de  la naturalidad y la espontaneidad, un juego que se olvida fácilmente y cuando uno se da cuenta ni sabe que la tiene o dónde se perdió.

Aunque uno sea adulto, cultivar la naturalidad es todo un regalo que se hace uno mismo.

La otra tarde, que estaba de tormenta y yo ya andaba en la despedida de mi estancia, observé que entraba por la ventana de la cocina una intensa y cálida luz. Y me fui hacia la loma, para ver otro de los atardeceres en esta tierra, que en estos momentos se me antojaba distinto. Y según me iba acercando, no podía dejar de mirar el cielo en sus 360 º. Era una amplia gama de colores y tonos que cambiaban prácticamente a cada segundo. Sobre el pueblo caía una luz anaranjada, muy luminosa que parecía “dar claridad, nitidez”, y según iba girando mi vista aparecían unos azules intensos y profundos, los grises de allá, los rosas teñidos por cortinas ondulantes de blanco, donde todavía llovía… y unos naranjas azulados brillantes por donde se iba escondiendo el sol.

De repente, en mi absorción de esta espectacular escenografía, en la que sólo veía pureza, belleza… observé desde lo alto de la loma esa nave que se cruzó en mi mirada y lo que se veía del pueblo, el campanario y parte de algunas paredes y tejados,  y me parecieron una pegatina, un “postizo de chismes y enredos viejos” en medio de tal eclosión natural. Y me acordé otra vez de la frescura que sentí en esos zapatos de Luna, y una vez más, me di cuenta de lo mucho que nos perdemos… Tal vez, nos perdemos lo mejor, lo que surge, sin más… El cielo, esa tarde, también me lo recordó. En el cielo lo que Ves, Es.

Beatriz.

Un secreto a voces, un grito ahogado

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En algún momento incierto de la historia, ocurrió algo que abrió la puerta de la violencia; desde entonces las mujeres callaron, se enfrentaron, se distanciaron y se aislaron, refugiándose cada una de ellas en el silencio de esa oscura experiencia, que por mantener enterrada emanaba hedor. Las mujeres olvidaron su dulzura, afanándose en tareas, haciéndose las duras, las fuertes, las que sostienen, protegen… las que se ocupan y lo hacen todo; y desplazaron a los hombres. Aquel acontecimiento que les perseguía en sus vidas había sembrado agresividad, violencia y miedo. Y desde entonces, las mujeres y los hombres, en las siguientes generaciones, estaban separados, divididos; se relacionaban con el peso de aquel suceso… que lo que estaba pidiendo a gritos es Reconciliación.

 

Mujeres…

Mujeres de la historia, mujeres del tiempo, mujeres que atraviesan un espacio, y sin saberlo, vuelven a encontrarse para darse otra oportunidad, para darse la mano.

Mujeres que han callado, que se han mirado a la cara cabizbajas, guardando secretos, mujeres que han cerrado las puertas de sus casas para llorar en silencio, para desahogar ese nudo en la garganta que les asfixia, para darse cuenta de que en sus alcobas viven junto al engaño. Y miran a ese hombre, que tiene por nombre marido, y se dan cuenta de que no le aman, de que es una mujer infeliz, atrapada en un mundo gris de recuerdos del que, piensa, no puede salir.

Ese no era el plan, eso no era lo que había soñado… y la autoestima, la rabia, la agresividad y la culpa se quedan dormidas por un tiempo.  Miran a ese hombre y no le conocen, y tampoco saben por qué siguen junto a él. Se sienten ausentes de esa vida que quería ser compartida, y se han puesto una coraza en el corazón porque duele sentir, porque pesa mucho la ausencia de esa mujer que confió y se quedó congelada en el tiempo.

Las mujeres se cruzan y saben de este vacío que se ha hecho hondo muy poco a poco, de este pozo de silencios donde hay una gran emoción que huele a pesadumbre y hastío, a rabia, cansancio y soledad. Y por no sentir el pesar tan hondo se acostumbraron a la rutina, cargándose de deberes y quehaceres. Así se amortigua el dolor y ya no queda tiempo para decisiones o actuaciones, para sentir.

A veces se miran unas a otras, sin decir, sin compartir, envidiando la vida ajena, mirando desde abajo o desde arriba lo de fuera como el mejor paisaje, y no dicen y no comparten su propia historia, no se encuentran. Recelos, violencia, envidias, retiradas, luchas de poder, secretos de alcoba, enfrentamientos… ausencias, soledad…

Las miradas de las mujeres se cruzan, y sienten que quieren hablar pero no se atreven a escuchar su propia voz. Cuesta hablar de lo que duele, cuesta decidirse soltar el drama y tomar otro camino. La rutina de callar se apelmaza en la garganta que de puro miedo se cierra. Y mientras sigue cerrada, el corazón palpita sintiendo punzadas de culpabilidad.

La vida dejó de tener sentido aunque está llena de ocupaciones. Se fue la pasión, la ilusión, la confianza, el amor… Se fue la posibilidad de tener un hogar…  La mujer no está en paz, está fuera aunque se encuentre dentro, con miedo a salir, con sentimientos de derrota, de inutilidad, de que no hay nada que hacer, y aguanta lo que no quiere. Se ha acostumbrado a sobrevivir mendigando, pidiendo limosnas de afecto y reconocimiento.

Se ocupa una casa llena de mentiras y ficciones, de fingir estar bien cuando la comunicación dejó de existir casi desde el principio.

Mujeres…

Y hay madres, hijas, tías, abuelas, amigas, vecinas, conocidas… y los secretos siguen perviviendo, esperando a que esa voz, dulce, quiera hablar desde el corazón…

Hombres…

Los hombres están al lado, dedicados a otro mundo, el de las obligaciones y deberes que requiere el ser macho, el que trae el alimento, el que sostiene y protege. Y vive fuera para llevar dentro, aunque este dentro sea la excusa de estar fuera.

El hombre no mira a la mujer, ignora su presencia, porque ella tampoco se ve ni se escucha. Tiene ganas de vida y no se da cuenta de lo que tiene, de quien tiene al lado. Le gusta la aventura y la busca fuera, cayendo en escenarios de infidelidades que vuelven a homenajear el mundo de los secretos. Y ellos también los callan pero se les olvida. Llegan a casa y está todo puesto y dispuesto, en orden… y el orden no está ordenado, es una máscara, el cofre de los grandes secretos ahogados, aprisionados en las paredes que se vuelven frías, gélidas.

Y las mujeres y los hombres siguen así por tiempos y generaciones, “estando fuera” y de espaldas, sin mirarse de frente y a los ojos, sin reconciliarse, sin reconocerse, sin verse, sin conocerse, sin atenderse… sin Ver que son lo mismo.

Y las mujeres quieren darse la mano,  y dar la mano a los hombres y caminar juntos, dejar caer las ramas secas de la incomunicación, que empieza con uno mismo. Porque es así como comienzan los enredos de un teatro que está lleno de caretas, de interpretaciones y de hilos conductores de una misma historia que busca la reconciliación con uno mismo; no se sabe cuándo, pero en algún momento cada uno dejó de escucharse, dejó de ser él mismo, cada uno de ellos se olvidó de su cuerpo y de su propia presencia, de su propia voz, de su propia identidad.

Sólo es necesario darse la vuelta y encontrarse… desde el corazón, desde el Amor. Dejar de buscar fuera y estar dentro, sentirse uno mismo, actuar desde los propios cimientos. Curar la voluntad de ser yo mismo, sin miedos, sin dudas, sin culpas…

 Y lo curioso es que este secreto a voces no es ni más ni menos la confirmación de que aun viajando en este mismo planeta, nos seguimos dando la espalda sin querer reconocer nuestros propios errores y aciertos, y ni mucho menos los aciertos de los demás. ¿Dónde se ha quedado el agradecimiento? Existe miedo a dar el salto al acto de despertar en la conciencia de que hombres y mujeres somos complementarios y compañeros de viaje.

Existen otras maneras de relacionarnos cuando la madurez y la conciencia individual se han desarrollado. El reto es el mismo para hombres y mujeres. Da igual en qué parte estés, si eres el que aguantas, el sumiso, la víctima… o el que agrede o abusa; el conflicto se sostiene porque hay participación y alimentación por ambas partes, y puede dar la vuelta de un momento a otro y mostrarse de tantas maneras como creencias y apegos tenga uno mismo. Las caretas dan vueltas y cambian de posiciones mientras se sigue en la contienda.  El conflicto se mantiene mientras cada uno de ellos niega su responsabilidad. En realidad, ninguno se ama, y cada uno de ellos, desde una posición o tendencia aparentemente distinta, colabora en la división, en protegerse dentro de un estado de aferramiento al drama emocional, buscando que te den otros lo que tú mismo no te das: aceptación, aprobación, respeto, reconocimiento, ternura, AMOR… En realidad, no se dan cuenta de que, ambos, están fuera y no dentro… porque no creen, no confían ni quieren darse una oportunidad. Uno mismo se destierra y cae en la ignorancia de no querer escucharse ni hacerse cargo de sí mismo.

No es una cuestión de género sino de conciencia.  Empieza a AMARTE y verás lo que ocurre…  Empieza a Comunicar- te y verás qué ocurre. Entonces es cuando somos capaces de Vernos y de Ver desde el Respeto y la Confianza. Me dejo ser quien soy, me acepto y dejo que el otro sea y se manifieste como es. Los círculos repetitivos dramáticos desaparecen y emergen nuevas formas de interactuar y comunicarse, con nosotros mismos, con los demás, con todo lo que nos rodea.

Empieza a Amarte y verás lo que ocurre…

 Beatriz.  

Nuevos cimientos

Siento que el mundo es un magnífico lugar de expresiones., y este mundo, tan amplio, tan inmenso… es un generador continuo de cambios. A lo largo de la historia han surgido y surgen ideas, pensamientos, conocimientos, intenciones, acciones… que han dado y dan lugar a formas muy diversas; algunas progresan, otras parecen detenerse en el tiempo, y otras tantas desaparecen en su desarrollo.  Y así es la evolución: Nacimientos y muertes se suceden de forma continua en todos los aspectos de la vida, en las células de nuestro propio cuerpo, en las maneras de educar, de gobernar, de socializarse, de organizarse, de vivir… tal vez en un constante vaivén e impulso de “encuentro” que, parece, no se sabe muy bien cómo poner en práctica. Porque da miedo adentrarse en algo distinto, explorar lo nuevo: nuevas experiencias, nuevos encuentros, nuevas metodologías… nuevas actitudes. Da vértigo lo que se desconoce, porque da miedo dejar de agarrarse a lo de siempre, que, tal vez, creo es lo único, lo mejor… Da vértigo soltar, dejar de aferrarse con ese sentimiento de posesión que sólo desconfía… Da miedo tambalearse y sentir que algo se desmorona,  creer que se pierde el control. Da miedo dejar de pensar, soltar creencias y SENTIR, poner las manos en tu corazón. Da miedo dejar de fingir y SER. Da miedo Ser uno mismo.

Evolucionar es ser quien eres en cada paso, en cada momento vivido, siendo capaz de dejar atrás lo acontecido, con desapego, para generar así otro nuevo impulso, otro momento distinto, una nueva expresión. Es en cada paso y experiencia vivida que nos vamos transformando, nos vamos reconociendo, lo externo y lo interno se van acercando y quieren encontrarse, hacerse uno. Y esto es evolucionar. La evolución es Movimiento, dentro de mí, con el otro.

Y tal vez, lo que nos cuesta asimilar y digerir es precisamente “soltar” lo que ya no sirve, porque hemos mantenido por mucho tiempo el sentido y sentimiento de posesión para vivir, o mejor dicho, para “sobrevivir”.

La historia está llena de historias que están basadas en unos cimientos de control y luchas de poder, de actitudes jerárquicas, de posiciones rígidas,  que sólo llevan a vivir en estados de carencia, de posesión y de separación. En esta forma de sistema no es posible  el Bienestar, la Salud, la Prosperidad,  la Comunicación, la Evolución de la Vida, porque la vida es movimiento.

Si entendemos que las pérdidas no son pérdidas sino procesos de cambio, intenciones de evolución, seremos capaces de alegrarnos por tener la oportunidad de mejorar y participar en la construcción de unos nuevos cimientos donde cada uno es igual de importante que los demás porque es respetado como parte integrante, y no por su historia, sino porque forma parte de ella desde la responsabilidad y la autonomía de Estar y Ser quien Es. No existen ya peldaños para colocar a las personas, ya no se mira desde abajo o desde arriba sino de frente, respetando los espacios.

Del estancamiento al Movimiento.

                            De la separación a la Unidad.

                                              De la exclusión a la participación.

                                                          De la dependencia a la Responsabilidad.

Este texto de reflexión que a continuación os muestro es una invitación a descubrir la Coherencia en ti, a que te preguntes ¿qué es lo esencial en mí? Y que te contestes a ti, y sólo para ti, con sinceridad, y escuches lo que de verdad hace sonreír a tu corazón. Ahí encontrarás tu originalidad y tu coherencia; y eso que escuches, no lo juzgues… es la manera en la que el Amor quiere expresarse a través de ti.

Dedicado a todos los que, en estos momentos tan convulsos de la historia, se están atreviendo a partir de cero, a dejar las estructuras arcaicas, movidos por un impulso interno que sienten y que les lleva a vivir de otra manera, aunque el camino no se vea, aunque el camino sea incierto. Hay Confianza, y hay Corazón. Existen muchas historias de “carencias materiales” y sin embargo, partir de cero es partir “desnudo”, desprovisto de esos cimientos viejos, que han caído y han muerto, para generar otra clase de historias en las que se ha decidido, algunos hemos decidido, vivir desde otra esfera diferente, desde el Respeto y la Vida, desde el Movimiento.

Naciendo de nuevo… desde el AMOR!!

 

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Decido SER LIBRE

Mi corazón me dice una y otra vez que no hay nada que buscar.

Si miras fuera no estás dentro y si no estás dentro lo de fuera sigue siendo un teatro… y en este escenario ¿dónde está el corazón? Lo dejamos a un lado, lo apartamos, dejamos de escucharnos, de escuchar… En este teatro hay ruido, mucho ruido, fantasmas del pasado que reaparecen una y otra vez, historias que gritan desde el dolor y el sufrimiento, que agotan y castigan a un corazón sediento de LUZ. Interpretamos personajes, dejamos unos para coger otros… nos los inventamos de nuevo con diferentes disfraces y en medio de todo esto resurgen la tristeza, la desconfianza, la ira, el resentimiento, el enfado, la culpa, el desamparo, la violencia, el ansia de poder,  la manipulación, la humillación…  un juego donde disfrazarse de víctima o héroe arrastra un sin fin de emociones y sentimientos que se alimentan sin rumbo, queriendo desvelar a un ser que está en guerra consigo mismo, sólo consigo mismo. Mientras estamos en este escenario solemos culpar a los otros, juzgar y apuntar con el dedo, cambiar de escenario, buscar en lo de fuera la causa para así aliviarnos del dolor, las faltas, la soledad, las carencias, la envidia, las comparaciones, la pobreza, la frustración, las ausencias… cuando lo único que veo y escucho reflejado continuamente desde fuera es MI PROPIA AUSENCIA. Ésta es la única batalla que librar.

Liberarme del enfado conmigo mismo, liberarme del juicio hacia mi mismo, liberarme de la exigencia hacia mi mismo, de la crítica, del dolor, de la desesperanza y la desesperación de las que me he impregnado por no escucharme, por dejar que otros hayan ocupado “mi Casa”, un espacio sagrado, diáfano y con luz propia, auténtica, limpia y clara desde el origen, que siempre ha estado y está porque así SOY. Perdonarme por no haberme amado y respetado… perdonarme por la ausencia de AMOR hacia mi mismo, por retener los adornos que empañan y ahogan mi esencia. Mi propia ausencia es la condición que me hace estar en la continua incertidumbre y escasez. Hemos llenado nuestra “Casa” de ilusiones vanas, de conflictos y enredos grises, de pensamientos opacos, de experiencias turbias… Hemos cubierto nuestro ser de envoltorios sin color, de máscaras sin expresión, sin rostro definido y sin sonrisas. Preocupaciones a cuestas, fríos que paralizan, palabras ahogadas, sentimientos asfixiados, secretos, silencios… miedos que se repiten y quedan latentes de generación en generación. Miedo a la pérdida, a perder cuanto poseo, a perder una casa, mi familia… ¡desconfianza!, ¡posesión!… El deseo de posesión es lo que nos hace controlar, aferrarnos, apegarnos, y nuestra manera de apego material es igualmente un reflejo de nuestro apego a nuestra condición de estar preso, de no ser libre. Y…entonces… ¿qué es lo que temo? Temer la pobreza material, la soledad… es tener miedo a quedarme solo y desnudo, es tener miedo a mi propio SER, a mi Casa, a la Abundancia que hay en mí, es tener miedo a Recibirme… Mi ser, tu ser, es abundante desde el origen, luminoso y radiante. Mi ser, tu ser, no quiere estar ocupado sino LIBRE porque soy así, porque tú eres así. Libre es cuando sonrío, canto, respiro, amo, disfruto… y disfruto de lo único que sé hacer: SER YO MISMO.

Es hora de dejar de resistirse, de inventar excusas, de dudar… es hora de danzar, de hablar, de expresar, de crear, de sentir, de ser lo que soy… de confiar que soy digno de estar en mi propia Casa, de DISFRUTAR DE MI CASA. Es sencillo, mucho más sencillo de lo que parece… Pregúntate, siéntete… ¿cómo es tu Casa? Pon en orden tu casa, límpiala, cuídala, mímala, decórala como te pida tu corazón. ¿Cómo puedes ser dueño de algo que desconoces y que no reconoces? ¿Cómo quieres sentirte si no te escuchas? Atrévete a ser el dueño y amo de tu Casa. Tú tienes las llaves… Yo tengo las llaves, sólo yo. Confiar en abrir mi Casa es honrarme, estar dispuesto y permitirme AMAR y SER AMADO, el mejor regalo que puedo darme, el mejor regalo que puedo ofrecer a mis antepasados, mis raíces, y al mundo. Así es como evolucionamos, avanzamos y crecemos…

Agradece la presencia de todos los que aparecen y te encuentras porque lo único que han hecho es recordarte quién eres.

… Y de lo viejo surge lo nuevo… Las aguas removidas se calmarán y lo que estaba en penumbra se ilumina. “EL ORIGEN SOY YO”.

 Beatriz. 

A vueltas con el dinero

El elemento dinero no sólo es un medio de revelar cierto estatus social sino un elemento que se ha convertido en medio para poseer y separar. Poseer bienes materiales, cosas, coches, casas…poseer personas… Deseos de bienes, deseos de distinción, deseos de refugiarse en una aparente seguridad de logros y reconocimiento. POSESIÓN… Alabanzas a los peldaños del poder, poder más que tú… Las historias de los deseos son historias de comparación, y las historias de la comparación son historias de etiquetas y división que se repiten y repiten mientras se mantiene la ignorancia.

Nuestra vida está llena de comparaciones desde el mismo momento de nacer. Comparaciones por el físico, por los cuerpos que tenemos, por la forma en la que nos vestimos y peinamos, por las carreras o estudios que hacemos, por los puestos de trabajo que ocupamos, por las relaciones que entablamos, por lo que hacemos o dejamos de hacer… por el sitio que ocupamos o el que no ocupamos.

Y me pregunto y te pregunto ¿cuál es tu sitio? ¿acaso no hay sitio para todos? ¿qué es lo que hay que ocupar? ¿qué sientes en tu corazón si te paras y escuchas? ¿Por qué luchamos y nos enfrentamos por las cosas externas? ¿por qué nos comparamos continuamente? ¿por qué juzgamos? ¿por qué clasificamos qué es lo mejor y lo peor y decidimos apartar lo que no entendemos? ¿por qué continuamente tenemos necesidad de encasillar, de poner nombres y etiquetar como verdades absolutas lo que hago, en lo que creo…? ¿por qué hacemos diferencias? ¿por qué meter todo en la horma del mismo zapato…?

Continuamente apuntamos, etiquetamos, y etiquetamos por comparación, por juicios, por formas establecidas y analizadas, por lo que vemos alrededor, por lo que se ha enseñado, por lo que fue y ya no está, por perpetuación de creencias y fidelidades que siguen la idea de pertenecer a un grupo, a un clan o a algo que sigue manteniendo la rigidez de una estructura de la que salirse es imaginada y pensada como traición.

Se mantienen las formas que no dejan de ser formas si no hay intención de ver más allá, con una visión más amplia y consciente. Cuando se marca, se analiza y se compara hay separación, desunión de lo que simplemente se manifiesta, y lo que es separado es excluido, ignorado, tapado, enjaulado, asfixiado, anulado… Pero todo tiene su espacio, su sitio, su espacio de manifestación. Todo está para ser manifestado, absolutamente todo, y no hay nada ni mejor ni peor si el impulso es de expansión, creación y manifestación libre, no de posesión. No somos dueños de nada ni de nadie… La posesión ata, limita, estanca. La expansión une, en la expansión los límites simplemente han desaparecido y las formas sólo son el medio libre y equilibrado de expresión de un contenido amplio y diverso.

Hemos hecho de las formas un signo de separación continua, de diferenciación, de distinción de clases, de enmarcación y acotación, cuando la forma es sólo una manifestación del Ser, el movimiento de la Esencia. Y esto es fluir con el universo, con la luz y lo eterno de lo que soy… y esto es Ser en acción, comprender que somos seres libres, eternamente abundantes y que hay sitio para todos y todo pues lo único que necesito es escucharme y dejarme manifestar…  Esto es Conciencia y la conciencia une.

Beatriz.

 

Os propongo escuchar este audio de Soraya.

Soraya Lacaba es ingeniera biofísica por la Universidad de Moscú, creadora del blog Trinityatierra.

En el audio, que tiene por título El Mago de Oz, Soraya muestra la historia del dinero y las formas de erradicar la esclavitud con el mismo, que pasa por recuperar su función primigenia. Según plantea Soraya, se necesita recuperar los conocimientos básicos: el dinero es una unidad de medida, sin valor intrínseco, un cotejo de bienes y servicios de intercambio, pero se ha convertido en un medio de poder, control y manipulación.