Cuentos Reales

Desde tiempos inmemoriales los cuentos hablan de los contactos del hombre con animales, plantas y piedras. Toda la tradición oral está llena de ejemplos, desde los once genios de la nieve de las culturas siberianas y laponas pasando por los famosos enanitos y gnomos, que ejemplifican a los elementales de la naturaleza, como al universal espíritu del agua, del viento, del fuego y de la tierra de las culturas americanas, celtas y africanas; los tótem animales y las más diversas manifestaciones de la naturaleza encarnadas en gatos, serpientes o monos. Estos contactos no sólo se han narrado a nivel global en las diferentes tradiciones y en los diferentes tiempos; hoy en día, aunque en Occidente se hayan convertido estas creencias orales en dibujos y películas de animación, dándoles en cierto sentido un carácter infantil y de fantasía, la verdad es que, aun enmascaradas, son historias que recuerdan que esta comunicación e interacción se produce y que el contacto con otras realidades existe; al fin y al cabo somos “vecinos” y compartimos el mismo planeta y espacio. Como todo… será escuchado quien se preste a escuchar.

Y aquí os dejo, narrada por Carlos, una graciosa experiencia que parece pero no es un cuento…

CUENTOS REALES

PRÓLOGO:

Cuento,-por vez primera- algunas experiencias que he tenido con piedras, plantas y animales.

Como no pretendo nada más que vencer mis miedos al admitir y contar lo que “a mí me ha pasado o me pasa,” pues he decidido que el título de cuentos reales es muy adecuado.

 CUENTOS porque me gustaría que, a quien le apetezca leer esto, se lo tome como un cuento y no como una tomadura de pelo; tomarlo como un cuento, hace que el ego se distraiga y los oídos escuchen primero antes de opinar, lo cual es buen ejercicio para todos.

 REALES porque a mí me han ocurrido, por mucho que me haya costado digerirlo y admitirlo, que han sido muchos años y no dejo de sorprenderme ante estos hechos que nada ni nadie puede convencerme de que no son reales, entre otras cosas porque la mayor parte de las veces no busco yo la experiencia sino que se despliega y acontece en medio y alrededor de mí.  Y, también, porque no conozco a nadie que sepa lo que es o no real de la vida (y si lo conocéis, por favor presentármelo porque tengo muuuchas preguntas que hacerle).

 LA TURMALINA DE  O CEBREIRO

 Tras cuatro años seguidos de su…”llamada”, acepté ir al Camino de Santiago.

Estábamos en O cebreiro, (veníamos de Villafranca),  hablando allí con un grupo con el que coincidíamos en los albergues, salió en tema de que O Cebreiro era un lugar donde ocurrían cosas mágicas y extrañas, y desde entonces yo creo en la magia “por defecto” pues allí empezó todo:

El caso es que Sheila, una chica de ese grupo, me dijo mira, siento que debes de llevar esto y me extendió una taleguilla que llevaba al cuello, la abrí y era una preciosa turmalina negra y verde; me quedé mirando sorprendido y le dije dudando: pero… ¿qué quieres… que la lleve yo?, sí, dijo ella, creo que te puede ayudar, mañana nos veremos en el albergue próximo, entonces me la das. Yo estaba extrañado y no sabía qué hacer pero no podía dejar de mirar y tocar la turmalina, pues… ¡vale…! Hasta mañana le dije.

Me aparté del bullicio de peregrinos y me interné en el bosque próximo y estuve varios minutos mirándola  y disfrutando de ella pues al día siguiente la tendría que devolver, en esto que estaba pensando qué misterio había en la atracción que sentía por la turmalina y…

-déjame, no me gustas, quiero irme con mi amiga-

Yo miré alrededor asustado ¿qué?

-que me lleves con mi dueña, que no me gustas y no quiero estar contigo.

Pero… ¡me estás hablando! (yo… de verdad, estaba en aquel precioso bosque mirando dónde estaba la cámara oculta porque no daba crédito)

 Y ella seguía con la cantinela, -déjame no me gustas, llévame con ella, quiero estar con mi dueña…-

Yo le dije: -mira, tu dueña ha sentido que me vendría bien tenerte unas horas y mañana al salir de ruta te devuelvo- y la turmalina se calló entonces, me la metí al bolsillo pero al rato otra vez:

-llévame con mi dueña, tú no me gustas- y yo pensaba: pero… ¿a quién narices le puedo contar esto que me está pasando? Si llevara unas cervezas encima casi, casi lo entendería pero…

-No me gustas y quiero que me lleves con mi dueña-

 Así que mirándola le dije:

– muy bien, voy a buscarla y te quedas con ella  y turmalina se calló de nuevo.

Con el cansancio, el calor y la humedad de Julio me puse a buscar a Sheila, había mucha gente ese día; el frontón, el albergue y el polideportivo estaban llenos de gente y grupos, no la encontré y decidí entonces comer mientras la turmalina desde el bolsillo me decía que quería ir con su dueña, que no quería estar conmigo, pero yo no permitía que una puñetera piedra me dijera lo que tenía que hacer, así que no le hacía ni caso.

Llegó la noche y ya tumbado sobre el saco de dormir en el polideportivo que lo cedía el ayuntamiento me decía:

– ¿cuándo me llevas con mi amiga? Quiero estar con ella.

Así que le dije apartándola de mí todo lo que me daba el brazo: – mira, mañana por la mañana, pero ahora me dejas dormir en paz ¿vale?

No había abierto los ojos pero ya oía a gente que aprovechando el frescor de la mañana marchaba al camino.

-buenos días, ¿me llevas con mi amiga?

Yo estaba intentado recopilar y encajar lo que me estaba sucediendo desde hace ya unas horas, estaba enfadado con una piedra turmalina que no hacía más que decirme que yo no le gustaba y que quería estar con su dueña; era una mezcla de enfado, asombro, incredulidad e impotencia porque no sabía a quién contárselo, simplemente me superaba.

-buenos días, ¿me llevas con mi amiga?, me repitió, y yo pensaba para mí: ¡que no, que no… que no es un sueño, que es real, tan real como absurdo!

Me levanté más por enfado que por ganas y me puse a buscar a Sheila, para quitarme a la piedra insolente y habladora de encima, pero no la vi. Creí que ya habría salido y mientras turmalina dando la tabarra, así que me aparté de nuevo de la multitud, la puse en mis manos y le dije: – te lo prometí pero creo que tu dueña ha salido antes de la hora del desayuno, en cuanto lleguemos al siguiente albergue te prometo que te entrego, yo tampoco quiero estar contigo ya, ¿de acuerdo? –

-de acuerdo dijo ella.

Pero al cabo de un rato, no sé, quizás una hora, volvió a preguntarme, la verdad es que insistía mucho menos que el día anterior y eso yo lo entendía como un pacto; deduje que, simplemente, no se podía estar callada, ¡para uno que la escuchaba…!

Me pregunté varias veces si turmalina también hablaba con su dueña y di por supuesto que sí.

-la verdad…ahora que te conozco más, estoy también a gusto contigo, me gustas.

-¿qué? ¿Ahora que te devuelvo a tu amiga me dices eso?

Sheila se aproximaba y yo, mientras se acercaba, le explicaba todo cuanto había acontecido con su piedra, ella me miraba  sonriente y nunca supe si  sonreía por el “cuento” que le estaba contando  o porque entendía mucho mejor que yo cuanto aconteció un caluroso y húmedo día de julio en O Cebreiro.

Turmalina

 

Carlos Las Heras.

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