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La ilusión del deseo

foto tiempo

¿Cuál es el valor de las cosas? ¿qué me hace dar valor, valorar a una persona, valorarme a mí, lo que me rodea…?

A veces, de momento, me he quedado quieta, mirando alrededor. Una silla, una mesa, una jarra de agua, un mueble, discos, una planta en el rincón… unas fotos… y, de momento, todas esas cosas me han hablado de una manera distinta. ¿Cuál es el valor de todo esto? Y en ese impase las cosas han dejado de ser cosas, de tener un “valor”: se han esfumado los matices de valor económico, valor personal o valor de pertenencia. En mi visión se ha cruzado otra, fugaz… y me ha gustado.

Y esto es lo que me ha dado pie a reflexionar y sentir sobre el tener y el sentido de pertenencia.

En la vida diaria nos movemos en un sin fin de circunstancias donde es cotidiano decir, esto es mío, tengo esto, me voy a comprar esto, aquello me pertenece, ¿me puedes prestar tu…?. Mi marido, mi esposa, mis hijos, mis amigos, mi casa, mi perro, mi profesión, mis cualidades…

Mío, tuyo…Posesión… nos movemos en torno a conceptos de adquisición y  posesión, e incluso si hay pérdidas, pues aparece un sentimiento de escasez, de falta, de vacío, de carecer de lo que me pertenecía; lo que “era mío” ya no está, se ha ido, ha desaparecido…, pareciendo incluso que eso, que ya no está dentro de mi campo, de mi control, de mi visión, “ha perdido su valor”. “Ya no lo tengo… ya no está a mi lado…” diría.

¿Qué es lo que da valor a las cosas, personas…? ¿Acaso este valor depende de una medida, opinión, gusto…externo?  Se pone… se quita… se modifica… según distintas variables externas.

¿Quién posee a quién? Que tus posesiones no te posean me ha surgido decir…

Poseer… Compartir… En mi mirada personal han aparecido estos conceptos y lo que siento es que la posesión no permite el compartir. Compartir es una acción que proviene del estado de riqueza: Nada falta, todo está ahí para ser disfrutado… nadie quita a nadie, todo está para todos, no hay nada que retener porque nada es mío o tuyo; sólo pasa a través de mí o de ti, durante un determinado tiempo, dure lo que dure…porque cada cosa, persona…tiene su propio valor, inherente y prístino. Nada ni nadie se lo da o se lo quita. Lo tiene por el simple hecho de existir, estar y Ser. Sin embargo no es habitual darnos cuenta de ello, y se tiende tanto a la posesión de bienes, cosas, personas, entornos…y se ha llegado a un nivel tal de parcelación e individualismo en todos los sentidos, que el sentido natural de unidad se pierde.

La posesión anula la posibilidad de disfrutar. Si le quitas el añadido de pertenencia, eso que tienes, que está contigo, adquiere presencia; sigue siendo lo mismo, pero tu mirada, distinta, permitirá que puedas disfrutarlo. El miedo a la perdida te lleva a negar el verdadero valor de las cosas, a disfrutar plenamente de eso que surge, de eso que tienes, de eso que está a tu lado…porque, quizás, el valor de las cosas no está en el que tú le das, en el que tú le pones, sino en apreciar lo que te ofrece mientras está a tu lado. No se trata de que uno añada nada, o de que quites algo, sino de disfrutar de lo que se te presenta y se te brinda, de forma natural. Y así, es como veo posible que surja un encuentro. No hay ficciones ni exigencias, sólo curiosidad e ilusión por conocer, asombro y alegría. Puedes optar por experimentarlo o no… y en cualquier caso será tu decisión… nada más.

Y ésta es mi mirada hacia el valor de las cosas y cuanto nos rodea… hacia el valor y la estima que se tiene uno mismo… hacia el compartir…

Beatriz