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El Amor no tiene ningún nombre

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Muchas veces, observando, escuchando entre diferentes ambientes… mi corazón me ha susurrado:

¿Por qué y para qué dais nombre a lo que no lo tiene? El alma no se nombra… se siente. Se busca encasillar y hacer una disciplina, da igual su nombre y sus formas, de algo tan profundo y sentido como es la voz del corazón.

Sentir lo que me dice mi corazón o tu corazón, no permite traficar con las notas musicales que entonan la propia melodía. Otras manos y voces podrán tocarte, decirte, acariciarte, dirigirte, acercarse, aconsejarte, notar tu brisa, oírte, incluso escucharte o no… pero nunca podrán ocupar tu lugar, el  espacio sincero de tu corazón y su particular forma o formas de expresión.

Mi curiosidad me ha llevado a escuchar distintas voces de “maestros”, a veces tan dispares unas de otras, que visto desde fuera el espectáculo, me he dado cuenta de que, quizás, sólo quizás, eran sus propias voces las que se hablaban y, tal vez, tal vez esas voces sólo querían ser escuchadas por ellos mismos.

En este mundo donde han aflorado mil y una técnicas que se engloban dentro de la “espiritualidad”, veo una contradicción. En demasiadas ocasiones se intenta guiar, aconsejar, dibujar, concretar, delimitar, “sacar fuera de uno mismo”… lo que no se puede concretar, lo que no tiene nombre ni nunca lo tuvo; bajo mi punto de vista, de esta manera se continúa clasificando y enjaulando nuestra parte divina, parcelando, dividiendo, separando y haciendo diferente algo que no lo es; nuestra parte más profunda y amada es tratada como una parte aislada cuando, me pregunto y te pregunto ¿acaso el corazón está aparte de todo tu cuerpo y tu ser? El cuerpo es un lote, acompasado, de “material físico y no físico”, que sólo intenta expresarse con coherencia…

Desde mi propia experiencia me doy cuenta y comprendo que el Amor que hay en mi corazón no es tratable ni cuestionable desde ninguna disciplina, desde ningún aspecto; siempre está… en cualquier momento, a cualquier hora, segundo… en todas las vivencias y experiencias que vivo… todas, sin excepción alguna.

¿Qué es el amor sino uno mismo? Tú entero… tú cuando te levantas, te peinas, corres, estás quieto, cuando besas, cuando trabajas, cuando estás de bajón, triste, aburrido, cuando pataleas, cuando ríes o lloras, cuando bailas, cuando cocinas, cuando gritas, cuando estás reunido, cuando te enfadas, cuando no haces nada…

Yo y tú, tú y yo… somos la propia fuente, el propio río de la vida, el remanso de paz y equilibrio…La voz que guía está en mí, dentro de ti… no está fuera.

Desde hace tiempo escucho una voz que ronronea:

“No le des poder a nada ni a nadie, excepto a ti mismo, a tu corazón”

Lo que de verdad importa, lo que de verdad me importa a mi o a ti, sólo puedes saberlo tú, sólo puedes sentirlo tú y nadie más. En el respeto a la expresión natural de cada ser está la Vida.

A veces veo que éste es un tiempo de engaños y mentiras, de grandes ficciones en todos los aspectos de la vida (educación, política, ocio, moda…), y quizás lo que se está mostrando de forma descarada son distintas escenas que nos plantean lo mismo: ¿eres fiel a ti mismo, eres sincero contigo mismo? ¿a quién sigues?

Personalmente considero que, la misma dinámica de ficciones y dependencias también se ha hecho extensible a lo que se denomina el desarrollo personal, proliferando lo que, a mi modo de ver y sentir, se ha convertido en una “espiritualidad” mal entendida. No hay que conseguir nada ni llegar a ningún lado… Los marcos, las exigencias, sean del tipo que sean, no caben dentro del corazón, del amor que somos ya. Traficar con nuestra parte divina es un acto de manipulación y egoísmo, otra manera diferente de alejarnos de nosotros mismos.

A mí me gusta hablar de Vida, de vivir distintas experiencias que nos van aportando perspectivas diferentes, distintos modos de ver y una apertura hacia nuestro propio encuentro… y eso no se busca, ni tiene nombre, ni hay que pagar por ello;  es un movimiento natural que surge y va surgiendo… con el día a día, con todos los momentos y experiencias diarios, los que nos acontecen con los vecinos, tu familia, en el trabajo, en el supermercado, en la cola del cine, comprándote unos vaqueros… porque desde que te levantas hasta que te acuestas ocurren cosas de las que soy partícipe y en las que puedo decidir. Extraordinaria es la actitud de tomar la propia vida diaria como el camino y el espacio natural del propio desarrollo y evolución personal…

Maestros… maestros de esto o aquello… Cuando uno es capaz de escucharse maestro sólo hay uno y ése eres tú mismo, en cualquier momento y circunstancia de la normalidad, de tu día a día; incluso llegará ese momento determinado en el que sentirás que el nombre de maestro sobra, porque te darás cuenta de que eso que parecía tan inalcanzable, tan misterioso…es lo natural en ti, eres tú mismo: “El hogar, el amor, la magia, la Vida… lo lleva uno puesto siempre, y gratis”.

Podrás pedir consejo… y buen consejero será aquel que te respete, que no haga sentirte un extraño, y que te haga saber que eres ya una bella y valiosa joya… porque sabe Escuchar.

No hay técnicas que seguir para brillar…Brillas a medida que experimentas y vives la vida a través de tus propios ojos y tu corazón, los tuyos… y los de nadie más. ¡No te sientas un extraño… en tu propia “casa”!

Beatriz

 

Un secreto a voces, un grito ahogado

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En algún momento incierto de la historia, ocurrió algo que abrió la puerta de la violencia; desde entonces las mujeres callaron, se enfrentaron, se distanciaron y se aislaron, refugiándose cada una de ellas en el silencio de esa oscura experiencia, que por mantener enterrada emanaba hedor. Las mujeres olvidaron su dulzura, afanándose en tareas, haciéndose las duras, las fuertes, las que sostienen, protegen… las que se ocupan y lo hacen todo; y desplazaron a los hombres. Aquel acontecimiento que les perseguía en sus vidas había sembrado agresividad, violencia y miedo. Y desde entonces, las mujeres y los hombres, en las siguientes generaciones, estaban separados, divididos; se relacionaban con el peso de aquel suceso… que lo que estaba pidiendo a gritos es Reconciliación.

 

Mujeres…

Mujeres de la historia, mujeres del tiempo, mujeres que atraviesan un espacio, y sin saberlo, vuelven a encontrarse para darse otra oportunidad, para darse la mano.

Mujeres que han callado, que se han mirado a la cara cabizbajas, guardando secretos, mujeres que han cerrado las puertas de sus casas para llorar en silencio, para desahogar ese nudo en la garganta que les asfixia, para darse cuenta de que en sus alcobas viven junto al engaño. Y miran a ese hombre, que tiene por nombre marido, y se dan cuenta de que no le aman, de que es una mujer infeliz, atrapada en un mundo gris de recuerdos del que, piensa, no puede salir.

Ese no era el plan, eso no era lo que había soñado… y la autoestima, la rabia, la agresividad y la culpa se quedan dormidas por un tiempo.  Miran a ese hombre y no le conocen, y tampoco saben por qué siguen junto a él. Se sienten ausentes de esa vida que quería ser compartida, y se han puesto una coraza en el corazón porque duele sentir, porque pesa mucho la ausencia de esa mujer que confió y se quedó congelada en el tiempo.

Las mujeres se cruzan y saben de este vacío que se ha hecho hondo muy poco a poco, de este pozo de silencios donde hay una gran emoción que huele a pesadumbre y hastío, a rabia, cansancio y soledad. Y por no sentir el pesar tan hondo se acostumbraron a la rutina, cargándose de deberes y quehaceres. Así se amortigua el dolor y ya no queda tiempo para decisiones o actuaciones, para sentir.

A veces se miran unas a otras, sin decir, sin compartir, envidiando la vida ajena, mirando desde abajo o desde arriba lo de fuera como el mejor paisaje, y no dicen y no comparten su propia historia, no se encuentran. Recelos, violencia, envidias, retiradas, luchas de poder, secretos de alcoba, enfrentamientos… ausencias, soledad…

Las miradas de las mujeres se cruzan, y sienten que quieren hablar pero no se atreven a escuchar su propia voz. Cuesta hablar de lo que duele, cuesta decidirse soltar el drama y tomar otro camino. La rutina de callar se apelmaza en la garganta que de puro miedo se cierra. Y mientras sigue cerrada, el corazón palpita sintiendo punzadas de culpabilidad.

La vida dejó de tener sentido aunque está llena de ocupaciones. Se fue la pasión, la ilusión, la confianza, el amor… Se fue la posibilidad de tener un hogar…  La mujer no está en paz, está fuera aunque se encuentre dentro, con miedo a salir, con sentimientos de derrota, de inutilidad, de que no hay nada que hacer, y aguanta lo que no quiere. Se ha acostumbrado a sobrevivir mendigando, pidiendo limosnas de afecto y reconocimiento.

Se ocupa una casa llena de mentiras y ficciones, de fingir estar bien cuando la comunicación dejó de existir casi desde el principio.

Mujeres…

Y hay madres, hijas, tías, abuelas, amigas, vecinas, conocidas… y los secretos siguen perviviendo, esperando a que esa voz, dulce, quiera hablar desde el corazón…

Hombres…

Los hombres están al lado, dedicados a otro mundo, el de las obligaciones y deberes que requiere el ser macho, el que trae el alimento, el que sostiene y protege. Y vive fuera para llevar dentro, aunque este dentro sea la excusa de estar fuera.

El hombre no mira a la mujer, ignora su presencia, porque ella tampoco se ve ni se escucha. Tiene ganas de vida y no se da cuenta de lo que tiene, de quien tiene al lado. Le gusta la aventura y la busca fuera, cayendo en escenarios de infidelidades que vuelven a homenajear el mundo de los secretos. Y ellos también los callan pero se les olvida. Llegan a casa y está todo puesto y dispuesto, en orden… y el orden no está ordenado, es una máscara, el cofre de los grandes secretos ahogados, aprisionados en las paredes que se vuelven frías, gélidas.

Y las mujeres y los hombres siguen así por tiempos y generaciones, “estando fuera” y de espaldas, sin mirarse de frente y a los ojos, sin reconciliarse, sin reconocerse, sin verse, sin conocerse, sin atenderse… sin Ver que son lo mismo.

Y las mujeres quieren darse la mano,  y dar la mano a los hombres y caminar juntos, dejar caer las ramas secas de la incomunicación, que empieza con uno mismo. Porque es así como comienzan los enredos de un teatro que está lleno de caretas, de interpretaciones y de hilos conductores de una misma historia que busca la reconciliación con uno mismo; no se sabe cuándo, pero en algún momento cada uno dejó de escucharse, dejó de ser él mismo, cada uno de ellos se olvidó de su cuerpo y de su propia presencia, de su propia voz, de su propia identidad.

Sólo es necesario darse la vuelta y encontrarse… desde el corazón, desde el Amor. Dejar de buscar fuera y estar dentro, sentirse uno mismo, actuar desde los propios cimientos. Curar la voluntad de ser yo mismo, sin miedos, sin dudas, sin culpas…

 Y lo curioso es que este secreto a voces no es ni más ni menos la confirmación de que aun viajando en este mismo planeta, nos seguimos dando la espalda sin querer reconocer nuestros propios errores y aciertos, y ni mucho menos los aciertos de los demás. ¿Dónde se ha quedado el agradecimiento? Existe miedo a dar el salto al acto de despertar en la conciencia de que hombres y mujeres somos complementarios y compañeros de viaje.

Existen otras maneras de relacionarnos cuando la madurez y la conciencia individual se han desarrollado. El reto es el mismo para hombres y mujeres. Da igual en qué parte estés, si eres el que aguantas, el sumiso, la víctima… o el que agrede o abusa; el conflicto se sostiene porque hay participación y alimentación por ambas partes, y puede dar la vuelta de un momento a otro y mostrarse de tantas maneras como creencias y apegos tenga uno mismo. Las caretas dan vueltas y cambian de posiciones mientras se sigue en la contienda.  El conflicto se mantiene mientras cada uno de ellos niega su responsabilidad. En realidad, ninguno se ama, y cada uno de ellos, desde una posición o tendencia aparentemente distinta, colabora en la división, en protegerse dentro de un estado de aferramiento al drama emocional, buscando que te den otros lo que tú mismo no te das: aceptación, aprobación, respeto, reconocimiento, ternura, AMOR… En realidad, no se dan cuenta de que, ambos, están fuera y no dentro… porque no creen, no confían ni quieren darse una oportunidad. Uno mismo se destierra y cae en la ignorancia de no querer escucharse ni hacerse cargo de sí mismo.

No es una cuestión de género sino de conciencia.  Empieza a AMARTE y verás lo que ocurre…  Empieza a Comunicar- te y verás qué ocurre. Entonces es cuando somos capaces de Vernos y de Ver desde el Respeto y la Confianza. Me dejo ser quien soy, me acepto y dejo que el otro sea y se manifieste como es. Los círculos repetitivos dramáticos desaparecen y emergen nuevas formas de interactuar y comunicarse, con nosotros mismos, con los demás, con todo lo que nos rodea.

Empieza a Amarte y verás lo que ocurre…

 Beatriz.  

Nuevos cimientos

Siento que el mundo es un magnífico lugar de expresiones., y este mundo, tan amplio, tan inmenso… es un generador continuo de cambios. A lo largo de la historia han surgido y surgen ideas, pensamientos, conocimientos, intenciones, acciones… que han dado y dan lugar a formas muy diversas; algunas progresan, otras parecen detenerse en el tiempo, y otras tantas desaparecen en su desarrollo.  Y así es la evolución: Nacimientos y muertes se suceden de forma continua en todos los aspectos de la vida, en las células de nuestro propio cuerpo, en las maneras de educar, de gobernar, de socializarse, de organizarse, de vivir… tal vez en un constante vaivén e impulso de “encuentro” que, parece, no se sabe muy bien cómo poner en práctica. Porque da miedo adentrarse en algo distinto, explorar lo nuevo: nuevas experiencias, nuevos encuentros, nuevas metodologías… nuevas actitudes. Da vértigo lo que se desconoce, porque da miedo dejar de agarrarse a lo de siempre, que, tal vez, creo es lo único, lo mejor… Da vértigo soltar, dejar de aferrarse con ese sentimiento de posesión que sólo desconfía… Da miedo tambalearse y sentir que algo se desmorona,  creer que se pierde el control. Da miedo dejar de pensar, soltar creencias y SENTIR, poner las manos en tu corazón. Da miedo dejar de fingir y SER. Da miedo Ser uno mismo.

Evolucionar es ser quien eres en cada paso, en cada momento vivido, siendo capaz de dejar atrás lo acontecido, con desapego, para generar así otro nuevo impulso, otro momento distinto, una nueva expresión. Es en cada paso y experiencia vivida que nos vamos transformando, nos vamos reconociendo, lo externo y lo interno se van acercando y quieren encontrarse, hacerse uno. Y esto es evolucionar. La evolución es Movimiento, dentro de mí, con el otro.

Y tal vez, lo que nos cuesta asimilar y digerir es precisamente “soltar” lo que ya no sirve, porque hemos mantenido por mucho tiempo el sentido y sentimiento de posesión para vivir, o mejor dicho, para “sobrevivir”.

La historia está llena de historias que están basadas en unos cimientos de control y luchas de poder, de actitudes jerárquicas, de posiciones rígidas,  que sólo llevan a vivir en estados de carencia, de posesión y de separación. En esta forma de sistema no es posible  el Bienestar, la Salud, la Prosperidad,  la Comunicación, la Evolución de la Vida, porque la vida es movimiento.

Si entendemos que las pérdidas no son pérdidas sino procesos de cambio, intenciones de evolución, seremos capaces de alegrarnos por tener la oportunidad de mejorar y participar en la construcción de unos nuevos cimientos donde cada uno es igual de importante que los demás porque es respetado como parte integrante, y no por su historia, sino porque forma parte de ella desde la responsabilidad y la autonomía de Estar y Ser quien Es. No existen ya peldaños para colocar a las personas, ya no se mira desde abajo o desde arriba sino de frente, respetando los espacios.

Del estancamiento al Movimiento.

                            De la separación a la Unidad.

                                              De la exclusión a la participación.

                                                          De la dependencia a la Responsabilidad.

Este texto de reflexión que a continuación os muestro es una invitación a descubrir la Coherencia en ti, a que te preguntes ¿qué es lo esencial en mí? Y que te contestes a ti, y sólo para ti, con sinceridad, y escuches lo que de verdad hace sonreír a tu corazón. Ahí encontrarás tu originalidad y tu coherencia; y eso que escuches, no lo juzgues… es la manera en la que el Amor quiere expresarse a través de ti.

Dedicado a todos los que, en estos momentos tan convulsos de la historia, se están atreviendo a partir de cero, a dejar las estructuras arcaicas, movidos por un impulso interno que sienten y que les lleva a vivir de otra manera, aunque el camino no se vea, aunque el camino sea incierto. Hay Confianza, y hay Corazón. Existen muchas historias de “carencias materiales” y sin embargo, partir de cero es partir “desnudo”, desprovisto de esos cimientos viejos, que han caído y han muerto, para generar otra clase de historias en las que se ha decidido, algunos hemos decidido, vivir desde otra esfera diferente, desde el Respeto y la Vida, desde el Movimiento.

Naciendo de nuevo… desde el AMOR!!

 

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Decido SER LIBRE

Mi corazón me dice una y otra vez que no hay nada que buscar.

Si miras fuera no estás dentro y si no estás dentro lo de fuera sigue siendo un teatro… y en este escenario ¿dónde está el corazón? Lo dejamos a un lado, lo apartamos, dejamos de escucharnos, de escuchar… En este teatro hay ruido, mucho ruido, fantasmas del pasado que reaparecen una y otra vez, historias que gritan desde el dolor y el sufrimiento, que agotan y castigan a un corazón sediento de LUZ. Interpretamos personajes, dejamos unos para coger otros… nos los inventamos de nuevo con diferentes disfraces y en medio de todo esto resurgen la tristeza, la desconfianza, la ira, el resentimiento, el enfado, la culpa, el desamparo, la violencia, el ansia de poder,  la manipulación, la humillación…  un juego donde disfrazarse de víctima o héroe arrastra un sin fin de emociones y sentimientos que se alimentan sin rumbo, queriendo desvelar a un ser que está en guerra consigo mismo, sólo consigo mismo. Mientras estamos en este escenario solemos culpar a los otros, juzgar y apuntar con el dedo, cambiar de escenario, buscar en lo de fuera la causa para así aliviarnos del dolor, las faltas, la soledad, las carencias, la envidia, las comparaciones, la pobreza, la frustración, las ausencias… cuando lo único que veo y escucho reflejado continuamente desde fuera es MI PROPIA AUSENCIA. Ésta es la única batalla que librar.

Liberarme del enfado conmigo mismo, liberarme del juicio hacia mi mismo, liberarme de la exigencia hacia mi mismo, de la crítica, del dolor, de la desesperanza y la desesperación de las que me he impregnado por no escucharme, por dejar que otros hayan ocupado “mi Casa”, un espacio sagrado, diáfano y con luz propia, auténtica, limpia y clara desde el origen, que siempre ha estado y está porque así SOY. Perdonarme por no haberme amado y respetado… perdonarme por la ausencia de AMOR hacia mi mismo, por retener los adornos que empañan y ahogan mi esencia. Mi propia ausencia es la condición que me hace estar en la continua incertidumbre y escasez. Hemos llenado nuestra “Casa” de ilusiones vanas, de conflictos y enredos grises, de pensamientos opacos, de experiencias turbias… Hemos cubierto nuestro ser de envoltorios sin color, de máscaras sin expresión, sin rostro definido y sin sonrisas. Preocupaciones a cuestas, fríos que paralizan, palabras ahogadas, sentimientos asfixiados, secretos, silencios… miedos que se repiten y quedan latentes de generación en generación. Miedo a la pérdida, a perder cuanto poseo, a perder una casa, mi familia… ¡desconfianza!, ¡posesión!… El deseo de posesión es lo que nos hace controlar, aferrarnos, apegarnos, y nuestra manera de apego material es igualmente un reflejo de nuestro apego a nuestra condición de estar preso, de no ser libre. Y…entonces… ¿qué es lo que temo? Temer la pobreza material, la soledad… es tener miedo a quedarme solo y desnudo, es tener miedo a mi propio SER, a mi Casa, a la Abundancia que hay en mí, es tener miedo a Recibirme… Mi ser, tu ser, es abundante desde el origen, luminoso y radiante. Mi ser, tu ser, no quiere estar ocupado sino LIBRE porque soy así, porque tú eres así. Libre es cuando sonrío, canto, respiro, amo, disfruto… y disfruto de lo único que sé hacer: SER YO MISMO.

Es hora de dejar de resistirse, de inventar excusas, de dudar… es hora de danzar, de hablar, de expresar, de crear, de sentir, de ser lo que soy… de confiar que soy digno de estar en mi propia Casa, de DISFRUTAR DE MI CASA. Es sencillo, mucho más sencillo de lo que parece… Pregúntate, siéntete… ¿cómo es tu Casa? Pon en orden tu casa, límpiala, cuídala, mímala, decórala como te pida tu corazón. ¿Cómo puedes ser dueño de algo que desconoces y que no reconoces? ¿Cómo quieres sentirte si no te escuchas? Atrévete a ser el dueño y amo de tu Casa. Tú tienes las llaves… Yo tengo las llaves, sólo yo. Confiar en abrir mi Casa es honrarme, estar dispuesto y permitirme AMAR y SER AMADO, el mejor regalo que puedo darme, el mejor regalo que puedo ofrecer a mis antepasados, mis raíces, y al mundo. Así es como evolucionamos, avanzamos y crecemos…

Agradece la presencia de todos los que aparecen y te encuentras porque lo único que han hecho es recordarte quién eres.

… Y de lo viejo surge lo nuevo… Las aguas removidas se calmarán y lo que estaba en penumbra se ilumina. “EL ORIGEN SOY YO”.

 Beatriz.